El capitán debe morir en su barco

Luego de una experiencia de trabajo en equipo, uno observa que el liderazgo y el trabajo en equipo efectivo surgen cuando la tripulación encuentra un capitán en el barco, es decir alguien que dirije, estructura y ordena el trabajo de los colaboradores, sacando así el máximo rendimiento del talento de cada uno de los integrantes.

Esta misma experiencia revela que el liderazgo es sostenible cuando el capitán no solo se encuentra en las funciones de mando, sino que también ayuda en cualquier otra función, dando el ejemplo del nivel de servicio que hay que ponerle a cada acción.

No obstante, hay que aprender que no basta con estar ahí en los momentos más apremiantes, hay que estar ahí siempre: al inicio y al final, porque incluso al final de la batalla, cuando ésta ha sido ganada, si el capitán se pierde de vista, la tripulación empieza a impacientarse, e incluso se puede generar un mal clima emocional, porque los equipos necesitan un capitán siempre; de lo contrario los colaboradores se sienten instrumentos, medios para un fin (los objetivos), no miembros de un verdadero equipo, de una institución, de una organización con fines trascendentes, en donde la solidaridad se viva hasta el último segundo del partido, en los camerinos y más allá…

Gestión de lo imperfecto

Los jefes suelen querer que las cosas salgan perfectas. En esta búsqueda de lo perfecto hay un vicio: exigir más de la cuenta a los colaboradores, impacientarse con ellos y caer en la ira y soberbia cuando las cosas no salen como se esperaban.

Todo esto no hace más que generar un mal clima laboral producto de este jefe tóxico. Los colaboradores no trabajarán a gusto, estarán en permanente estrés y experimentarán que no se despliegan y que no son útiles para esa organización.

Hay que estar dispuestos a hacer las cosas lo mejor posible, pero sin ese vicio enfermizo de la perfección, que hace que los jefes saquen a la persona humana del centro de las decisiones y de las organizaciones.

Para gestionar la imperfección es necesario aceptar que las cosas no siempre salen como uno las desea, y que no hay que forzar a otros para ello. Por eso la importancia de cultivar virtudes tales como: la humildad, la paciencia y la sencillez, además de gozar de sentido del humor, flexibilidad y adaptabilidad.

Recordemos que muchas veces lo perfecto es enemigo de lo bueno, no pretendamos hacer todo lo perfecto que deseamos, podríamos estar sacrificando aspectos mucho más importantes en la vida organizacional…

Sin hábitos, no sirve el talento

Hoy en día empieza a entrar en vigencia la dirección por hábitos. Es un modelo creado por el español Javier Fernández Aguado. Este consiste en dirigir a los colaboradores fomentando en ellos la adquisición de buenas conductas que se vayan haciendo hábitos, los cuales configuren un estilo de trabajo virtuoso que permita responder a los retos que se presenten.
No se trata pues de reducirse a establecer los objetivos o la misión particular del área, equipo o colaborador; hay que ir más allá y fomentar entre ellos la forja de hábitos que permitan que alcancen esos objetivos propuestos y cumplan con la misión de su trabajo.
Resulta ilógico pensar en un trabajador del área contable que en su trabajo cotidiano no está habituado a ser ordenado, metódico o sistemático, y es que sin estos hábitos no podrá desempeñarse efectivamente, así tenga mucho talento.
Sin hábitos: el talento, se queda en potencia; es necesario desarrollar en los colaboradores una serie de hábitos que les permita desplegar su talento y generar valor real a la organización. Recordemos que las virtudes que se hayan adquirido, si no se siguen practicando, se pierden. Esto es como la buena forma física: ésta se pierde si uno no sigue ejercitándose.

PNL en el trabajo

Las palabras que utilizamos en el trabajo cotidiano, creámoslo o no, configuran el ambiente laboral, dado que empiezan a infiltrar y a reforzar determinados pensamientos y conductas, sean éstas buenas o malas.
Así pues, por ejemplo: si entre unos y otros nos habituamos a retroalimentarnos siempre sobre lo pesado de nuestro trabajo, sea cierto o no, terminaremos asumiendo una actitud de pesadez frente al mismo y no buscaremos soluciones a los desafíos que se nos presentan.
Dependiendo de las palabras que nos habituemos a utilizar, éstas terminarán fomentando un clima emocional ya sea: hostil, adverso, proactivo, propositivo, amical, vulgar, etc.
Estos climas emocionales inducen a una respuesta tipo frente a las circunstancias que se nos presenten.
Por esto es importante ser conscientes de las palabras que usamos porque terminan forjando un tipo de cultura organizacional, más o menos humana…

Antes de la eficacia, el desarrollo del colaborador…

Normalmente los jefes caen en el vicio de buscar la eficacia antes que el desarrollo del colaborador. Este es un error por cuanto se están minando las bases sobre las cuales lograr incluso la eficacia futura. En la práctica: se termina sacrificando el mañana por el «hoy».
Si bien el talento es un intangible, y es difícil de medir, podemos garantizar que es éste y no otro el que logra generar valor y asegurar la sostenibilidad del negocio en en el tiempo.
Por lo tanto hay que preocuparse en paralelo y sobretodo por el desarrollo de los colaboradores, porque el trabajo les resulte atractivo, es decir: que sea una instancia en donde puedan aprender, mejorar como personas, crecer, divertirse, hacer amigos, servir, aportar a la sociedad, madurar como personas; en síntesis: desplegarse.
Cuando la búsqueda de la eficacia se antepone a todo lo anteriormente mencionado, el trabajador es reducido a un instrumento, despreocupándose la organización de su desarrollo y efectiva motivación. Hay que reflexionar en torno a que las personas no se motivan por grandes «shows» que les ofrezcan, sino que se motivan porque experimentan que en lo que hacen y con quienes se relacionan, sencillamente se despliegan.
Preocupémonos más por el auténtico desarrollo de nuestros colaboradores y verán como éstos estarán dispuestos a darlo todo por la organización que les brinda aquellas oportunidades de crecimiento integral…

Para motivar, empezar por no desmotivar

En gestión humana se habla con insistencia de las estrategias para mantener permanentemente motivados a los trabajadores. Sin embargo, y aunque resulte paradójio, se olvida de no desmotivar a los trabajadores.

Esta es una verdad que no se quiere ver. Mientras tanto las empresas gastan miles de dólares en la motivación de los trabajadores, sin darse cuenta de los vicios organizacionales que poseen, los cuales tienden a desmotivar a los mismos y terminan restándole impacto a las estrategias motivacionales que implementan.

Hay que analizar los problemas estructurales de la organización para evitar encontrar soluciones coyunturales que terminen teniendo un bajo impacto en la transformación organizacional deseada.

Así pues las empresas deben clarificar, comunicar a todo nivel y ser consistentes en la ejecución de las estrategias para alcanzar la visión, cumplir los objetivos y vivir los valores organizacionales. Los trabajadores tienen que conocer, comprender y haber interiorizado la filosofía y estrategia organizacionales.

Los objetivos y funciones de los puestos, deben responder a un plan de trabajo anual debidamente alineado y estructurado de acuerdo a la estrategia organizacional. Es necesario que todo esto último sea comunicado desde el saque y evaluado periódicamente desde una perspectiva de 360°.

Por otro lado: Es importante que los jefes brinden un buen trato a sus trabajadores y motiven un buen clima organizacional, en donde se trabaje en equipo, y se aliente y premie la cooperación y solidaridad entre compañeros.

Es importante señalar que independientemente del cargo, todos tienen mucho que aportar, y si el trabajo se mecaniza y rutiniza, los trabajadores empiezan a experimentar que su trabajo no es desafiante, y que están en un lugar en donde no se desarrollan, en donde no crecen. Conscientes de esto los jefes deben brindar permanentemente la oportunidad para que los trabajadores participen de las soluciones a los problemas y desafíos del trabajo, y que sus buenas ideas se implementen y no se queden en un interesante brainstorming.

Otra cuestión que termina desmotivando a los trabajadores es el doble discurso de los jefes, la doble moral, la hipocresía y la falta de ética.

Los trabajadores necesitan un trabajo ilusionante, que les aporte sentido, que los desafíe y que permita que desplieguen sus talentos, también necesitan saber que su trabajo es bueno, útil, que aporta, que genera valor a la organización y a sus stakeholders.

Antes de buscar maneras alternativas de motivar, hay que preocuparse de no desmotivar a los trabajadores, evitemos organizaciones con doble cara. Todo esto implica jefes autocríticos, que con humildad sepan reconocer sus errores y falencias, y puedan rectificar …

El Servicio, una competencia fundamental…

Las organizaciones requieren que los trabajadores desarrollen una competencia fundamental: el servicio entre compañeros de equipo.

Las organizaciones crecen en la medida que tienen equipos antes que individualidades. La unidad del equipo es fundamental, puede ir unida al logro de la eficacia. Esta solamente es sostenible en la medida que existe un equipo cohesionado.

Para lograr todo esto, resulta clave reconocer a la persona humana como el centro de las organizaciones. Esto en lo concreto nos lleva a practicar siempre el respeto y el servicio entre compañeros de equipo.

Para ser serviciales hay que estar pendientes de las necesidades de los demás (laborales y sobretodo humanas). Esto es posible si somos empáticos y si nos mostramos disponibles para ayudar al compañero, en cualquier momento, no importando si el servicio prestado fuera pequeño o grande, y si hacerlo nos resultara cómodo o no.

Seamos siempre serviciales con los compañeros de equipo, son nuestros primeros clientes, nuestros clientes internos. Estemos dispuestos a ayudarlos en cualquier circunstancia.

Descubramos que nuestro trabajo es en el fondo una vocación de servicio y que solamente sirviendo, el trabajo se hace más agradable, humanizante, las tareas se tornan ligeras y las cosas se logran más fácilmente; porque sencillamente… ¡Los unos nos ayudamos a los otros!…

Si quieres clientes contentos, ten felices a tus trabajadores…

El otro día en una interesante conversación, Henri Le Bienvenu, Gerente General de PERU2021 esbozó una línea estratégica sobre cómo implementar de manera exitosa algunas buenas prácticas de la RSE en las empresas:

Partió de la premisa fundamental de que la sostenibilidad del negocio se encuentra en el aspecto económico, en los tangibles de toda organización, en síntesis en sus ventas.
Sin embargo Henri nos exhortó a no olvidarnos que los intangibles generan valor a la organización y tienen repercusión directa en el aumento de los tangibles (las ventas). Así pues, si queremos que las ventas de la empresa aumenten, es preciso tener contentos a los clientes. La manera de tener contentos a los clientes es con un producto y servicio de calidad.
¿Quiénes hacen el producto y brindan el servicio?

Son los trabajadores, hoy en día mejor llamados: colaboradores, los que desarrollan el producto y brindan el servicio a los clientes. Para que todo esto sea conforme a lo esperado es necesario que los trabajadores estén felices con su trabajo, con lo cual buscarán satisfacer de verdad las necesidades de los clientes, lo que fomentará en el trabajo cotidiano un mejor desempeño en las acciones y tareas, con la consiguiente mejora en los procesos de transformación del producto y de atención al cliente, considerando todas las dimensiones: económica, social y ambiental..

Para lograrlo no hay mayor ciencia, los colaboradores necesitan tener la línea de carrera definida, comunicación fluida sobre los objetivos que debe alcanzar para generar valor a la organización, un pago justo y finalmente lo más importante: motivación y buen trato de parte de los jefes.

Solamente trabajadores felices se preocuparán auténticamente de satisfacer las necesidades de los clientes. De esta forma estos estarán contentos con el producto y servicio (con la marca y la empresa) y así conseguirán la fidelización del cliente, con la consiguiente repetición y aumento de las compras, en beneficio de los accionistas y colaboradores… generando además en todos los procesos y a lo largo de la cadena productiva: valor económico, social y ambiental…

La más grande tentación del líder: la soberbia…

Las personas que asumen roles de responsabilidad y liderazgo suelen caer, con el tiempo, en la tentación de concentrarse más en los objetivos que en las personas, y terminan viviendo y trabajando sin importarles lo que los demás opinen, sugieran, deseen o aconsejen. Estas actitudes son las que hacen que los colaboradores experimenten que para los jefes y para la organización a la que «pertenecen» sean tan solo una cosa que cumple con órdenes, funciones y objetivos.

Aquel tipo de “líderes» solo hacen feedback, para hablar del por qué de los errores que hubieron y rara vez agradecen las cosas buenas que hicieron sus colaboradores, desalentándolos a dar más de sí en beneficio de la organización y finalmente de los clientes a quienes se debe servir.

Aquellas actitudes de las que venimos hablando muestran el enfoque eficientista del líder en cuestión. Profundizando en el análisis podemos acabar dándonos cuenta que la enfermedad de la soberbia se ha apoderado del “líder”. La persona enferma de soberbia termina haciéndose daño a sí mismo y alejando a los demás, construyendo así el “majestuoso” palacio de la soledad…

Cabría preguntarnos: ¿por qué el ser humano puede terminar enfermándose de la soberbia?

Quien cae en la soberbia es porque ha perdido el sentido del uso del poder y del talento. Ya no serán un medio para el servicio, y por lo tanto terminarán convirtiéndose en medios para la auto exaltación y afirmación del yo, sin considerar a los demás, aprovechándose de los demás, siempre estando por encima de los demás.

Hay que decir que quien cede fácilmente a la tentación de la soberbia es porque en el fondo tiene algunos problemas de sobre-estima y super-valoración. No nos sorprendamos que la gran mayoría de personas talentosas tengan estos desajustes en un mundo que te dice que tienes que ser “exitoso” para ser “alguien importante». Con estas ideas-fuerza en el inconsciente y reforzadas cultural e incluso familiarmente, ¿quién no se dedicará a luchar por salir adelante a toda costa?, olvidándose de los colaboradores y paradójicamente de uno mismo, y es que sobre todo lo que se buscará será el maximizar los recursos y conseguir resultados efectivos, y todo por la motivación de ser muy bien considerado, sin importar mucho las consecuencias del accionar diario en la calidad de vida de los colaboradores…terrible enfermedad del alma que es la soberbia…

El Perú – Argentina: Una lección de carácter…

Lo que vimos el 10 de septiembre del 2008 en el partido Perú VS Argentina, por la 8ava fecha de las eliminatorias mundialistas Sudáfrica 2010, grafica lo que el peruano nunca debe perder para salir adelante en cualquier empresa que se proponga: El CARÁCTER.

Cuando se habla de salir adelante en una sociedad siempre nos referimos a la educación, a la capacitación. Ambas son esenciales porque desarrollan la inteligencia, no obstante no podemos olvidarnos de algo vital: educar y desarrollar el carácter de las personas.

Los conocimientos y el talento no son suficientes para dar fruto, la técnica sin coraje se queda en malabares, en bombos y platillos… fuegos artificiales. Por eso es necesario sumarle al conocimiento y al talento: el carácter.

Retomando el ejemplo que nos motiva a escribir este artículo, debemos recordar que la selección peruana de fútbol se enfrentaba a los Messi, Agüero, Riquelme y Zanetti; sin algunos de los futbolistas más talentosos de la rojiblanca.

La noche del 10 de septiembre del 2008 los Solano, Vargas, Chávez, Zambrano y Fano demostraron que lo que hacía falta a la selección peruana era carácter y derrumbaron el mito de que el talento y la estrategia son suficientes. Fue un equipo de hombres antes que de nombres y demostraron que con humildad, esfuerzo, perseverancia, solidaridad y coraje… en síntesis: con carácter, es posible forjar un equipo. Cada uno de los integrantes de la rojiblanca nos mostraron en la cancha lo que significa formar parte de un equipo de verdad.

Los movimientos que llevaron a cabo dieron muestra de sincronización, y cuando se cometían errores los unos suplían a los otros, mostrando además de carácter, una profunda solidaridad, en donde no importaba ser la estrella, sino: ser un equipo.

Se percibió empatía y reverencia. Todos estaban pendientes de apoyar a sus compañeros, y prevaleció un clima organizacional positivo, no recuerdo haber visto discusión alguna, incluso cuando el marcador se puso adverso y era fácil caer en la tentación de criticar a quienes se equivocaron… Fue un equipo con personalidad, no era una masa amorfa, no se veía dispersión anímica, como en «equipos» del ayer. Este equipo tenía alma y un cuerpo estructurado de manera sencilla e inteligente.

Nunca dieron por perdida una pelota, nunca se rindieron, siempre dieron todo de sí para sacar adelante el partido. Además jugaron de manera inteligente y humilde, conscientes de sus fortalezas y debilidades, sabiendo explotar aquellas al máximo de sus capacidades y posibilidades para así optimizar el rendimiento del equipo.

Estos jugadores nos han regalado una clase magistral sobre como perserverar hasta el final, teniendo fortaleza de ánimo para enfrentarse a un equipo con mayor talento y para hacer frente a la adversidad, sobreponiéndose al error y al fracaso, manejando con mucha inteligencia emocional la crisis.
Sobre el liderazgo hay que mencionar que el equipo tuvo varios líderes, siendo Juan Manuel Vargas, el referente, el símbolo, fiel discípulo del mentor José Guillermo Chemo del Solar. Este empezó el cambio al afrontar meses atrás con coraje todas las críticas sobre su trabajo al frente de la selección, era más fácil renunciar y dejar ahí el proyecto, pero con carácter decidió continuar… Esto nos muestra la importancia de contar con referentes dentro y fuera del campo ya que con su ejemplo: arrastran, inspiran y motivan. Estas cualidades son las que logran producir un arrebato interior en los compañeros, los cuales se contagian de este espíritu, generando un clima positivo en el equipo y en el ambiente. Con el espíritu de dejarlo todo en la cancha este equipo se ganó a una hinchada al inicio negativa y escéptica, a la tribuna y a los millones de peruanos que veíamos el partido por televisión. Así pues los hinchas se levantaron para alentar, dejando atras meses de críticas, y de esta forma constructiva y proactiva multiplicaron la motivación del equipo, reforzando aquella actitud de dejarlo todo en la cancha…
Recordemos el desenlace del partido:

Minuto 84, una desconcentración de Perú y Argentina anota el gol que en la agonía del partido le iba a regalar un triunfo inmerecido, pero la vida a veces es así: el éxito es relativo, el verdadero triunfo está en darlo todo y el equipo peruano lo había hecho así. Sin embargo el equipo continuó con la misma actitud, no bajó los brazos. En el ambiente se respiraba que este partido no se nos iba de las manos.

Al 0-1: Argentina nos empezó a complicar el partido congelando la pelota y con ella las ilusiones de 26 millones de peruanos. Pero cuando expiraba el partido y era más cómodo resignarse, el referente apareció: Juan Manuel Vargas.

Minuto 93, a instantes del término del partido, cogió la pelota en defensa y combinó con otros jugadores en el centro del campo y luego de una pared encaró en posición de ataque a un argentino que intentaba desequilibrar al jugador peruano. Vargas no desfalleció y se mandó una corrida de aquellas (pudiendo caer del cansancio físico y mental). Juan Manuel Vargas perseveró a base de tenacidad, de fuerza, vamos… simplemente: ¡coraje!, esa energía interior que se almacena en el espíritu y que te empuja a realizar actos extraordinarias. Así Vargas después de una gesta de coraje y amor patrio, rozó el área rival, levantó la cabeza de manera inteligente para dar un pase mordaz para Johan Fano que barriéndose anotó el tanto del empate (Fano a pesar de estar en el minuto final, nunca abandonó la jugada, y como jugador de equipo supo estar ahí donde tenía que estar).

Perú logra así un empate con sabor a triunfo, el cual nos deja una lección de liderazgo y trabajo en equipo, vamos… una lección de carácter, una lección de cómo enfrentar la vida…

Este partido y aquella jugada quedarán grabadas en la historia, en la mente de todos los peruanos y se convertirá en el símbolo de aquella cualidad que tanto necesita nuestra alma nacional: el cáracter, dejar de quejarnos y lamentarnos de la suerte y dedicarnos a construirla con la gracia de Dios y todo nuestro esfuerzo, hasta el final y a pesar de la advesidad…

A quienes quieran volver a ver aquella jugada, con una de las narraciones más emocionantes, sigan el siguiente link:

http://es.youtube.com/watch?v=UtslSo0IID8&feature=related