“Frente a la adversidad unos crecen, otros se achican.” (Santiago Alvarez de Mon)
Sólo el optimismo puede llevarnos a entender la vida, a pesar de sus problemas y dificultades, como una escuela, como una aventura apasionante…
Con optimismo los problemas se toman como oportunidades, las crisis como una escuela para conocer nuestros límites, aprender de nuestros errores y para desarrollar virtudes. Las diferencias con las personas se toman como oportunidades para ver las cosas de diferentes ángulos, ampliando nuestra visión, haciéndonos comprender que personas distintas no son rivales sino complementos. El optimismo también nos permite tomar el conflicto como la oportunidad de practicar y desarrollar la empatía, comprensión, tolerancia y las habilidades de persuasión y negociación.
¿Qué tipo de personas somos? ¿Optimistas o pesimistas? ¿Nos quejamos de todo o buscamos soluciones a todo? ¿Edificamos o destruimos? ¿Encontramos “peros” para cada cosa, o allanamos el camino y vamos para adelante? ¿Cortamos el circuito de la creatividad o lo estimulamos? ¿Sumamos o restamos?
El optimismo, fundado en la esperanza, no nos ciega a la realidad sino que cambia nuestra respuesta a la misma, nos dota de una especial energía interior que nos permite combatir nuestros miedos e inseguridades y que nos empuja a desplegarnos, relacionarnos mejor con los demás y a transformar la realidad…
