Gestión de lo imperfecto

Los jefes suelen querer que las cosas salgan perfectas. En esta búsqueda de lo perfecto hay un vicio: exigir más de la cuenta a los colaboradores, impacientarse con ellos y caer en la ira y soberbia cuando las cosas no salen como se esperaban.

Todo esto no hace más que generar un mal clima laboral producto de este jefe tóxico. Los colaboradores no trabajarán a gusto, estarán en permanente estrés y experimentarán que no se despliegan y que no son útiles para esa organización.

Hay que estar dispuestos a hacer las cosas lo mejor posible, pero sin ese vicio enfermizo de la perfección, que hace que los jefes saquen a la persona humana del centro de las decisiones y de las organizaciones.

Para gestionar la imperfección es necesario aceptar que las cosas no siempre salen como uno las desea, y que no hay que forzar a otros para ello. Por eso la importancia de cultivar virtudes tales como: la humildad, la paciencia y la sencillez, además de gozar de sentido del humor, flexibilidad y adaptabilidad.

Recordemos que muchas veces lo perfecto es enemigo de lo bueno, no pretendamos hacer todo lo perfecto que deseamos, podríamos estar sacrificando aspectos mucho más importantes en la vida organizacional…

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