El Perú – Argentina: Una lección de carácter…
Cuando se habla de salir adelante en una sociedad siempre nos referimos a la educación, a la capacitación. Ambas son esenciales porque desarrollan la inteligencia, no obstante no podemos olvidarnos de algo vital: educar y desarrollar el carácter de las personas.
Los conocimientos y el talento no son suficientes para dar fruto, la técnica sin coraje se queda en malabares, en bombos y platillos… fuegos artificiales. Por eso es necesario sumarle al conocimiento y al talento: el carácter.
Retomando el ejemplo que nos motiva a escribir este artículo, debemos recordar que la selección peruana de fútbol se enfrentaba a los Messi, Agüero, Riquelme y Zanetti; sin algunos de los futbolistas más talentosos de la rojiblanca.
Los movimientos que llevaron a cabo dieron muestra de sincronización, y cuando se cometían errores los unos suplían a los otros, mostrando además de carácter, una profunda solidaridad, en donde no importaba ser la estrella, sino: ser un equipo.
Se percibió empatía y reverencia. Todos estaban pendientes de apoyar a sus compañeros, y prevaleció un clima organizacional positivo, no recuerdo haber visto discusión alguna, incluso cuando el marcador se puso adverso y era fácil caer en la tentación de criticar a quienes se equivocaron… Fue un equipo con personalidad, no era una masa amorfa, no se veía dispersión anímica, como en «equipos» del ayer. Este equipo tenía alma y un cuerpo estructurado de manera sencilla e inteligente.
Nunca dieron por perdida una pelota, nunca se rindieron, siempre dieron todo de sí para sacar adelante el partido. Además jugaron de manera inteligente y humilde, conscientes de sus fortalezas y debilidades, sabiendo explotar aquellas al máximo de sus capacidades y posibilidades para así optimizar el rendimiento del equipo.
Minuto 84, una desconcentración de Perú y Argentina anota el gol que en la agonía del partido le iba a regalar un triunfo inmerecido, pero la vida a veces es así: el éxito es relativo, el verdadero triunfo está en darlo todo y el equipo peruano lo había hecho así. Sin embargo el equipo continuó con la misma actitud, no bajó los brazos. En el ambiente se respiraba que este partido no se nos iba de las manos.
Al 0-1: Argentina nos empezó a complicar el partido congelando la pelota y con ella las ilusiones de 26 millones de peruanos. Pero cuando expiraba el partido y era más cómodo resignarse, el referente apareció: Juan Manuel Vargas.
Perú logra así un empate con sabor a triunfo, el cual nos deja una lección de liderazgo y trabajo en equipo, vamos… una lección de carácter, una lección de cómo enfrentar la vida…
Este partido y aquella jugada quedarán grabadas en la historia, en la mente de todos los peruanos y se convertirá en el símbolo de aquella cualidad que tanto necesita nuestra alma nacional: el cáracter, dejar de quejarnos y lamentarnos de la suerte y dedicarnos a construirla con la gracia de Dios y todo nuestro esfuerzo, hasta el final y a pesar de la advesidad…
A quienes quieran volver a ver aquella jugada, con una de las narraciones más emocionantes, sigan el siguiente link:
Uno juega, como entrena…
Maestría de la palabra y clima emocional
Así pues, la palabra puede resolver trabas o construir murallas entre las personas. Con la palabra se pueden estropear las relaciones humanas, ya sea descalificando al otro, humillándolo, criticándolo en público, hablando a sus espaldas o incluso adulándolo en su delante…
La palabra debe ser humanizante, y dependiendo de las circunstancias: paciente o enérgica, pero siempre veraz, respetuosa y constructiva.
Preguntémonos que palabras usamos para comunicarnos con los demás (materia), cómo las decimos (modo), con qué finalidad (motivación) y bajo qué circunstancias (tiempo y lugar).
Al respecto de todo esto no olvidemos la máxima que dice: si aquello que vas a decir, aún siendo verdad, no lo dices movido por la caridad, es mejor callarlo, hasta que sea el fuego de la caridad el que te motive a decirlo…
Tengamos pues dominio o maestría de nuestras palabras y de esta manera generemos climas emocionales positivos en el trabajo, en la familia, entre amigos y en nuestra sociedad…
No basta el talento, hace falta carácter
Enfrentar la adversidad
Quisiera evocarles el recuerdo de aquellos años de vida universitaria en donde se soñaba con cambiar el mundo. ¿Qué tanto se ha luchado por aquellos ideales?. Quizás al salir al mundo nos hemos topado con la adversidad: con mentes paralizadas por el temor a enfrentarse a los problemas, con corazones perezosos anclados en el aburguesamiento, con todo un sistema de respetos humanos, con todo un aparato de compensaciones psicológicas, con intereses personales y de grupo opuestos al bien común, con mezquindad…
¿Qué hacemos al respecto? ¿Nos gastamos en interesantes conversaciones de café sobre los grandes problemas del mundo o gastamos nuestro tiempo y talento en darle solución a los mismos?
No dejemos que el sistema nos aliene y haga de nosotros masa consumista que solo se dedica a sus intereses individuales, a sus «placeres» terrenales. ¡Enfrentémonos con nuestra realidad! y hagámosle frente a la adversidad, ¡sigamos luchando por conquistar nuestros sueños!, encarnando en lo cotidiano nuestros ideales (de solidariad, justicia y paz), al máximo de nuestras capacidades y posibilidades, con todo nuestro esfuerzo, con todo nuestro amor, con toda nuestra vida, haciendo de lo ordinario … algo extraordinario …
No basta capacitar, hay que ¡actuar!
Cuando se habla de generar cambios en las organizaciones, la estrategia que comúnmente se utiliza es la de capacitar a las personas en torno a los temas que se requieran.
Jugar en un equipo vs jugar en equipo
Hay muchos que juegan en un equipo pero que no juegan en equipo, así pues tenemos a aquel que juega para la tribuna, para las cámaras y el aplauso; tenemos a otro que solamente juega para su bolsillo, así mismo identificamos a otro que juega amarrando la pelota, así mismo tenemos al que siempre hace una de más, y no falta aquel que siempre comete faltas, no nos olvidemos del que juega para aparecer en el salón de la fama, ni tampoco del que juega buscando ser mejor que otros, olvidándose de ser mejor y de hacer mejores a los demás.
También existe el jugador que no respeta a capitán, entrenador, ni árbitro. No podemos dejar de mencionar del que siempre critica, pero no quiere patear el penal; como tampoco podemos dejar de hablar del que siempre reniega de los errores de los otros y genera un mal clima emocional en el ambiente de trabajo.
Todos estas actitudes que acabamos de mencionar terminan haciendo débil al equipo en el campeonato, con lo cual la conquista del sueño se pone cuesta arriba.
Tenemos que buscar transformarnos en jugadores de equipo, eso es posible si vencemos las fronteras de nuestro yo y nos abrimos al mundo y necesidades de cada una de las personas con las que nos interrelacionamos, dejando de lado prejuicios, perdonando cualquier molesta situación del pasado, y viendo siempre lo bueno, noble y positivo del otro, para así construir relaciones armónicas y efectivas.
Finalmente resaltar que hay que reconocer el talento del otro, sin envidias, comprendiendo que diferentes talentos no hacen sino complementarnos para sumar todos los esfuerzos para conquistar la meta de nuestra organización.
Compañerismo y Trabajo en Equipo
Que el activismo y la rutina no nos cierren a olvidarnos de los demás, a trabajar en equipo y a preocuparnos de nuestros compañeros.
Recordemos que los ambientes en donde se trabaja en equipo y en donde existe una verdadera preocupación por el compañero, mejora el clima laboral y por consiguiente la productividad del área, de la empresa, y hace que los trabajadores se sientan muy a gusto en la empresa en que trabajan.
“Cuando de contar se trata, los compañeros de equipo deben poder contar los unos con los otros.” (Jhon Maxwell)
¿Obligar o liderar?
Para dirigir un grupo de personas, uno debe olvidarse de que lo sigan y obedezcan, uno debe preocuparse por alentar al grupo a que todos en equipo alcancen las metas, uno debe preocuparse de la persona del trabajador, de servirlo, de ayudarlo, de dirigirlo desde la comprensión de su personalidad y estilo de trabajo particular. Uno debe preocuparse de dar el ejemplo, trabajando con los demás, no buscando que los demás trabajen para uno.
Esto hará que desaparezca la barrera que la jerarquía de jefe genera y se cree un clima positivo y de confianza en donde se tenga ya no un jefe sino un líder…






