La más grande tentación del líder: la soberbia…

Las personas que asumen roles de responsabilidad y liderazgo suelen caer, con el tiempo, en la tentación de concentrarse más en los objetivos que en las personas, y terminan viviendo y trabajando sin importarles lo que los demás opinen, sugieran, deseen o aconsejen. Estas actitudes son las que hacen que los colaboradores experimenten que para los jefes y para la organización a la que «pertenecen» sean tan solo una cosa que cumple con órdenes, funciones y objetivos.

Aquel tipo de “líderes» solo hacen feedback, para hablar del por qué de los errores que hubieron y rara vez agradecen las cosas buenas que hicieron sus colaboradores, desalentándolos a dar más de sí en beneficio de la organización y finalmente de los clientes a quienes se debe servir.

Aquellas actitudes de las que venimos hablando muestran el enfoque eficientista del líder en cuestión. Profundizando en el análisis podemos acabar dándonos cuenta que la enfermedad de la soberbia se ha apoderado del “líder”. La persona enferma de soberbia termina haciéndose daño a sí mismo y alejando a los demás, construyendo así el “majestuoso” palacio de la soledad…

Cabría preguntarnos: ¿por qué el ser humano puede terminar enfermándose de la soberbia?

Quien cae en la soberbia es porque ha perdido el sentido del uso del poder y del talento. Ya no serán un medio para el servicio, y por lo tanto terminarán convirtiéndose en medios para la auto exaltación y afirmación del yo, sin considerar a los demás, aprovechándose de los demás, siempre estando por encima de los demás.

Hay que decir que quien cede fácilmente a la tentación de la soberbia es porque en el fondo tiene algunos problemas de sobre-estima y super-valoración. No nos sorprendamos que la gran mayoría de personas talentosas tengan estos desajustes en un mundo que te dice que tienes que ser “exitoso” para ser “alguien importante». Con estas ideas-fuerza en el inconsciente y reforzadas cultural e incluso familiarmente, ¿quién no se dedicará a luchar por salir adelante a toda costa?, olvidándose de los colaboradores y paradójicamente de uno mismo, y es que sobre todo lo que se buscará será el maximizar los recursos y conseguir resultados efectivos, y todo por la motivación de ser muy bien considerado, sin importar mucho las consecuencias del accionar diario en la calidad de vida de los colaboradores…terrible enfermedad del alma que es la soberbia…

El Perú – Argentina: Una lección de carácter…

Lo que vimos el 10 de septiembre del 2008 en el partido Perú VS Argentina, por la 8ava fecha de las eliminatorias mundialistas Sudáfrica 2010, grafica lo que el peruano nunca debe perder para salir adelante en cualquier empresa que se proponga: El CARÁCTER.

Cuando se habla de salir adelante en una sociedad siempre nos referimos a la educación, a la capacitación. Ambas son esenciales porque desarrollan la inteligencia, no obstante no podemos olvidarnos de algo vital: educar y desarrollar el carácter de las personas.

Los conocimientos y el talento no son suficientes para dar fruto, la técnica sin coraje se queda en malabares, en bombos y platillos… fuegos artificiales. Por eso es necesario sumarle al conocimiento y al talento: el carácter.

Retomando el ejemplo que nos motiva a escribir este artículo, debemos recordar que la selección peruana de fútbol se enfrentaba a los Messi, Agüero, Riquelme y Zanetti; sin algunos de los futbolistas más talentosos de la rojiblanca.

La noche del 10 de septiembre del 2008 los Solano, Vargas, Chávez, Zambrano y Fano demostraron que lo que hacía falta a la selección peruana era carácter y derrumbaron el mito de que el talento y la estrategia son suficientes. Fue un equipo de hombres antes que de nombres y demostraron que con humildad, esfuerzo, perseverancia, solidaridad y coraje… en síntesis: con carácter, es posible forjar un equipo. Cada uno de los integrantes de la rojiblanca nos mostraron en la cancha lo que significa formar parte de un equipo de verdad.

Los movimientos que llevaron a cabo dieron muestra de sincronización, y cuando se cometían errores los unos suplían a los otros, mostrando además de carácter, una profunda solidaridad, en donde no importaba ser la estrella, sino: ser un equipo.

Se percibió empatía y reverencia. Todos estaban pendientes de apoyar a sus compañeros, y prevaleció un clima organizacional positivo, no recuerdo haber visto discusión alguna, incluso cuando el marcador se puso adverso y era fácil caer en la tentación de criticar a quienes se equivocaron… Fue un equipo con personalidad, no era una masa amorfa, no se veía dispersión anímica, como en «equipos» del ayer. Este equipo tenía alma y un cuerpo estructurado de manera sencilla e inteligente.

Nunca dieron por perdida una pelota, nunca se rindieron, siempre dieron todo de sí para sacar adelante el partido. Además jugaron de manera inteligente y humilde, conscientes de sus fortalezas y debilidades, sabiendo explotar aquellas al máximo de sus capacidades y posibilidades para así optimizar el rendimiento del equipo.

Estos jugadores nos han regalado una clase magistral sobre como perserverar hasta el final, teniendo fortaleza de ánimo para enfrentarse a un equipo con mayor talento y para hacer frente a la adversidad, sobreponiéndose al error y al fracaso, manejando con mucha inteligencia emocional la crisis.
Sobre el liderazgo hay que mencionar que el equipo tuvo varios líderes, siendo Juan Manuel Vargas, el referente, el símbolo, fiel discípulo del mentor José Guillermo Chemo del Solar. Este empezó el cambio al afrontar meses atrás con coraje todas las críticas sobre su trabajo al frente de la selección, era más fácil renunciar y dejar ahí el proyecto, pero con carácter decidió continuar… Esto nos muestra la importancia de contar con referentes dentro y fuera del campo ya que con su ejemplo: arrastran, inspiran y motivan. Estas cualidades son las que logran producir un arrebato interior en los compañeros, los cuales se contagian de este espíritu, generando un clima positivo en el equipo y en el ambiente. Con el espíritu de dejarlo todo en la cancha este equipo se ganó a una hinchada al inicio negativa y escéptica, a la tribuna y a los millones de peruanos que veíamos el partido por televisión. Así pues los hinchas se levantaron para alentar, dejando atras meses de críticas, y de esta forma constructiva y proactiva multiplicaron la motivación del equipo, reforzando aquella actitud de dejarlo todo en la cancha…
Recordemos el desenlace del partido:

Minuto 84, una desconcentración de Perú y Argentina anota el gol que en la agonía del partido le iba a regalar un triunfo inmerecido, pero la vida a veces es así: el éxito es relativo, el verdadero triunfo está en darlo todo y el equipo peruano lo había hecho así. Sin embargo el equipo continuó con la misma actitud, no bajó los brazos. En el ambiente se respiraba que este partido no se nos iba de las manos.

Al 0-1: Argentina nos empezó a complicar el partido congelando la pelota y con ella las ilusiones de 26 millones de peruanos. Pero cuando expiraba el partido y era más cómodo resignarse, el referente apareció: Juan Manuel Vargas.

Minuto 93, a instantes del término del partido, cogió la pelota en defensa y combinó con otros jugadores en el centro del campo y luego de una pared encaró en posición de ataque a un argentino que intentaba desequilibrar al jugador peruano. Vargas no desfalleció y se mandó una corrida de aquellas (pudiendo caer del cansancio físico y mental). Juan Manuel Vargas perseveró a base de tenacidad, de fuerza, vamos… simplemente: ¡coraje!, esa energía interior que se almacena en el espíritu y que te empuja a realizar actos extraordinarias. Así Vargas después de una gesta de coraje y amor patrio, rozó el área rival, levantó la cabeza de manera inteligente para dar un pase mordaz para Johan Fano que barriéndose anotó el tanto del empate (Fano a pesar de estar en el minuto final, nunca abandonó la jugada, y como jugador de equipo supo estar ahí donde tenía que estar).

Perú logra así un empate con sabor a triunfo, el cual nos deja una lección de liderazgo y trabajo en equipo, vamos… una lección de carácter, una lección de cómo enfrentar la vida…

Este partido y aquella jugada quedarán grabadas en la historia, en la mente de todos los peruanos y se convertirá en el símbolo de aquella cualidad que tanto necesita nuestra alma nacional: el cáracter, dejar de quejarnos y lamentarnos de la suerte y dedicarnos a construirla con la gracia de Dios y todo nuestro esfuerzo, hasta el final y a pesar de la advesidad…

A quienes quieran volver a ver aquella jugada, con una de las narraciones más emocionantes, sigan el siguiente link:

http://es.youtube.com/watch?v=UtslSo0IID8&feature=related

Uno juega, como entrena…

Por más talentoso que uno sea, si no se cultivan una serie de virtudes, será imposible que el talento tenga una extensión duradera.

Cuando aparezca será deslumbrante, pero tendrá la aparición y desaparición propias de una estrella fugaz, cuya estela se desvanecerá rápidamente.

La gente con talento, pero sin disciplina y esfuerzo, nunca dejará huella, solo la imagen del eterno potencial…

En el mundo profesional y en general en la vida; uno termina jugando como entrena. Los resultados no son producto del azar, son producto del esfuerzo personal y de las gracias que la Vida nos concede. Incluso si se reciben las gracias de la Vida y no hay esfuerzo personal, los resultados serán corto placistas y por lo tanto no se realizará ningún aporte sustancial a la organización, empresa o proyecto para el cual se trabaje, y tarde o temprano las puertas de salida empezarán a llamar.

Hay que decir que el entrenamiento no se limita a la escuela, universidad o las grandes lecciones que la vida misma nos da. Uno debe entrenar constantemente en la vida cotidiana…

¿Cómo entrenarse cuando ya se vive trabajando 8 horas al día?

La clave radica en una vida ordenada. Gozar de disciplina en nuestras vidas nos permitirá sacar el máximo provecho al tiempo y tener una vida equilibrada e intensa.

Así pues, es importante realizar ejercicio constante para fortalecer el carácter y la voluntad, así mismo es necesario gozar de un tiempo diario intenso de vida espiritual y meditación. Hay que también ejercitarse en el servicio concreto en las labores cotidianas. También hay que dedicarle tiempo al cultivo de la mente y a la distracción, con un buen libro y una buena película. No nos olvidemos de estar dispuestos a escuchar, comprender y ayudar a las personas con las que nos interrelacionemos en todo momento.

Todos estos ejercicios prácticos irán configurando en nosotros hábitos y disposiciones: virtudes, para que cuando toque el partido estemos preparados y hagamos rendir nuestros dones y talentos al máximo…
Concluyo compartiéndoles una inquietud más esencial en la vida: ¿cómo entrenamos para jugarnos el partido de la felicidad? ¿Estamos creciendo en las virtudes que nos disponen a amar o en los vicios y sus consiguientes secuelas que agudizan en nosotros el egoísmo y la infelicidad?

Maestría de la palabra y clima emocional

La palabra tiene efectos impresionantes en nuestras relaciones interpersonales, pero la rutina suele hacernos perder la sensibilidad y la profundidad en estos asuntos humanos, que si bien son ordinarios, no dejan de ser fundamentales.

Así pues, la palabra puede resolver trabas o construir murallas entre las personas. Con la palabra se pueden estropear las relaciones humanas, ya sea descalificando al otro, humillándolo, criticándolo en público, hablando a sus espaldas o incluso adulándolo en su delante…

La palabra debe ser humanizante, y dependiendo de las circunstancias: paciente o enérgica, pero siempre veraz, respetuosa y constructiva.

Preguntémonos que palabras usamos para comunicarnos con los demás (materia), cómo las decimos (modo), con qué finalidad (motivación) y bajo qué circunstancias (tiempo y lugar).

Al respecto de todo esto no olvidemos la máxima que dice: si aquello que vas a decir, aún siendo verdad, no lo dices movido por la caridad, es mejor callarlo, hasta que sea el fuego de la caridad el que te motive a decirlo…

Tengamos pues dominio o maestría de nuestras palabras y de esta manera generemos climas emocionales positivos en el trabajo, en la familia, entre amigos y en nuestra sociedad…

No basta el talento, hace falta carácter

En esta época de capital intelectual, liderazgo y gestión del conocimiento, se cree que para dar frutos basta el talento y la información.

Nos olvidamos de algo esencial: el carácter. Se puede ser talentoso y poseer la información precisa, pero si no se tiene carácter: no es posible hacer rendir los talentos, ni sacarle jugo a la información que se maneje.

Los emprendedores exitosos lo son, sobre todo, porque supieron correr riesgos, empujar proyectos, luchar contra las dificultades, perseverar, solucionar problemas, crear nuevas alternativas… en síntesis: nunca se rindieron.

Todas estas cualidades son propias de una persona con carácter. Para ser una persona con carácter es preciso cultivar una serie de virtudes como: la fortaleza, la templanza, la paciencia y actitudes como la resiliencia, además de gozar de un equilibrio entre la vida personal y la vida profesional, laboral o social…

También es preciso tener una adecuada estima personal para no derrumbarse frente a la adversidad y mucha generosidad, porque sin esta es imposible asumir sacrificios y sacar adelante lo que haga falta.

No basta el talento para sacar adelante una obra, hace falta carácter, el mundo lo conquistaron las personas extraordinarias u ordinarias, que vivieron cada instante como si fuera la última batalla, que jugaron cada partido como si fuera una final…

Enfrentar la adversidad

Quisiera evocarles el recuerdo de aquellos años de vida universitaria en donde se soñaba con cambiar el mundo. ¿Qué tanto se ha luchado por aquellos ideales?. Quizás al salir al mundo nos hemos topado con la adversidad: con mentes paralizadas por el temor a enfrentarse a los problemas, con corazones perezosos anclados en el aburguesamiento, con todo un sistema de respetos humanos, con todo un aparato de compensaciones psicológicas, con intereses personales y de grupo opuestos al bien común, con mezquindad…

¿Qué hacemos al respecto? ¿Nos gastamos en interesantes conversaciones de café sobre los grandes problemas del mundo o gastamos nuestro tiempo y talento en darle solución a los mismos?

No dejemos que el sistema nos aliene y haga de nosotros masa consumista que solo se dedica a sus intereses individuales, a sus «placeres» terrenales. ¡Enfrentémonos con nuestra realidad! y hagámosle frente a la adversidad, ¡sigamos luchando por conquistar nuestros sueños!, encarnando en lo cotidiano nuestros ideales (de solidariad, justicia y paz), al máximo de nuestras capacidades y posibilidades, con todo nuestro esfuerzo, con todo nuestro amor, con toda nuestra vida, haciendo de lo ordinario … algo extraordinario …

No basta capacitar, hay que ¡actuar!

Cuando se habla de generar cambios en las organizaciones, la estrategia que comúnmente se utiliza es la de capacitar a las personas en torno a los temas que se requieran.

Efectivamente la capacitación ayuda a que las personas puedan aprender ciertos criterios para tomar mejores decisiones y cambiar conductas.

Sin embargo me pregunto si basta con la capacitación tradicional para aprender a tomar decisiones sobre los nuevos criterios y para cambiar conductas arraigadas.

Pienso que la capacitación no basta, ni garantiza el cambio permanente de paradigmas y conductas, es necesario aprender a forjar hábitos en el trabajo, lo cual implica ir más allá de la capacitación. Se requieren de algunas innovaciones prácticas en el trabajo cotidiano, las cuales vayan configurando con su repetición: tendencias positivas, buenos hábitos, con la consiguiente forja de virtudes. Esta disciplina ayudará a lograr la transformación de la mente y el fortalecimiento del carácter en los colaboradores y generará los cambios organizacionales de largo aliento, con impacto en lo cotidiano, que tanto anhelan los directivos de las empresas…

Jugar en un equipo vs jugar en equipo

La clave del éxito en el trabajo radica en el desarrollo del equipo. Para esto es necesario convertirnos en jugadores de equipo.

Hay muchos que juegan en un equipo pero que no juegan en equipo, así pues tenemos a aquel que juega para la tribuna, para las cámaras y el aplauso; tenemos a otro que solamente juega para su bolsillo, así mismo identificamos a otro que juega amarrando la pelota, así mismo tenemos al que siempre hace una de más, y no falta aquel que siempre comete faltas, no nos olvidemos del que juega para aparecer en el salón de la fama, ni tampoco del que juega buscando ser mejor que otros, olvidándose de ser mejor y de hacer mejores a los demás.

También existe el jugador que no respeta a capitán, entrenador, ni árbitro. No podemos dejar de mencionar del que siempre critica, pero no quiere patear el penal; como tampoco podemos dejar de hablar del que siempre reniega de los errores de los otros y genera un mal clima emocional en el ambiente de trabajo.

Todos estas actitudes que acabamos de mencionar terminan haciendo débil al equipo en el campeonato, con lo cual la conquista del sueño se pone cuesta arriba.

Tenemos que buscar transformarnos en jugadores de equipo, eso es posible si vencemos las fronteras de nuestro yo y nos abrimos al mundo y necesidades de cada una de las personas con las que nos interrelacionamos, dejando de lado prejuicios, perdonando cualquier molesta situación del pasado, y viendo siempre lo bueno, noble y positivo del otro, para así construir relaciones armónicas y efectivas.

Finalmente resaltar que hay que reconocer el talento del otro, sin envidias, comprendiendo que diferentes talentos no hacen sino complementarnos para sumar todos los esfuerzos para conquistar la meta de nuestra organización.

Compañerismo y Trabajo en Equipo

No pocas veces en el trabajo nos habituamos a concentrarnos solamente en nuestras funciones y objetivos. Esta actitud puede terminar haciéndonos olvidar de nuestros compañeros de trabajo y de la necesidad que tenemos de contar unos con otros para el mejor desempeño de nuestras actividades y para aliviar algunos de nuestros problemas personales.

Que el activismo y la rutina no nos cierren a olvidarnos de los demás, a trabajar en equipo y a preocuparnos de nuestros compañeros.

Recordemos que los ambientes en donde se trabaja en equipo y en donde existe una verdadera preocupación por el compañero, mejora el clima laboral y por consiguiente la productividad del área, de la empresa, y hace que los trabajadores se sientan muy a gusto en la empresa en que trabajan.

“Cuando de contar se trata, los compañeros de equipo deben poder contar los unos con los otros.” (Jhon Maxwell)

¿Obligar o liderar?

Hay jefes que no logran, por mas que intentan, orientar al equipo que dirigen, agotan todas sus estrategias y no consiguen influir en sus colaboradores; por el contrario generan rechazo y un clima laboral adverso. Ante esto se refuerzan (pretendiendo hacerse respetar) con un estilo de liderazgo autoritario, que linda con el perfil del dictador, el cual busca que los demás lo sigan, lo obedezcan, y usa la reprimenda y la coacción (cuando aquello último no sucede), agravando aún más el problema.

Para dirigir un grupo de personas, uno debe olvidarse de que lo sigan y obedezcan, uno debe preocuparse por alentar al grupo a que todos en equipo alcancen las metas, uno debe preocuparse de la persona del trabajador, de servirlo, de ayudarlo, de dirigirlo desde la comprensión de su personalidad y estilo de trabajo particular. Uno debe preocuparse de dar el ejemplo, trabajando con los demás, no buscando que los demás trabajen para uno.

Esto hará que desaparezca la barrera que la jerarquía de jefe genera y se cree un clima positivo y de confianza en donde se tenga ya no un jefe sino un líder…