Reconciliar Trabajo con Familia

El mundo se ha vuelto tan dinámico que en la realidad laboral, las horas suelen quedarse cortas y ante los presupuestos establecidos las políticas de contratación de más personal queda sin efecto.

De aquello resulta que los trabajadores tengan que ser más productivos, pero en la práctica la productividad marginal del trabajo es decreciente, ¡vamos que nadie es una máquina!. Todo esto termina obligando a los trabajadores a quedarse más horas para cumplir con las metas establecidas. Quien no se queda es visto como alguien sin compromiso con la organización y si no: en la evaluación del desempeño le sacarán los trapitos al aire…

Así pues, los trabajadores se quedan más allá de las 8 horas de la jornada laboral, las cuales no son remuneradas en la mayoría de casos, sino simplemente compensadas como hora tipo.

¿Quién resulta ser el mayor afectado con todo esto?

De manera directa el trabajador (con su vida personal) y la familia del trabajador.

Y es que habría que preguntarnos: ¿qué tiempo le dedica uno al cultivo de sí mismo y al de su familia? ¿Cuánto tiempo para el diálogo efectivo? o es que ¿acaso no se pasa el poco tiempo sobrante en resolver las urgencias y necesidades más apremiantes de la casa?

Resulta fundamental reconciliar el trabajo con la vida personal y familiar. Luego no nos estaremos quejando de por qué tuvimos que pagar la factura de haber permitido el burn-out de nuestros talentos, con la consiguiente disminución de su productividad, aunque resulte paradójico.

Para finalizar quisiera ser crítico con los premios BPTW (Best Place to Work), no se trata de premiar a que las empresas mejoren el clima laboral con programas atractivos y políticas compensatorias, hay que ser más rigurosos con el equilibrio entre trabajo y vida personal o familiar, resulta fundamental y una línea de base sobre la cual medir otros aspectos que pudieran resultar secundarios o complementarios.

¿Tiene el cristianismo algo que aportar al mundo empresarial?

Hoy, 25 de diciembre, celebramos Navidad, el nacimiento de Jesús, el Reconciliador, ¡nuestro Salvador!

Pensaba en qué tiene el cristianismo que aportarle al mundo en general y al mundo empresarial en particular.

La verdad que tiene mucho que aportarle: opino que lo primero es desmitificar el paradigma de felicidad que vende el capitalismo, por el cual la felicidad se encontraría en el tener.

La felicidad, por el contrario se encuentra en el ser, en la relación de uno consigo mismo, con los demás y sobretodo en la relación con el Otro Trascendente (Dios). En la medida que se vive en relación con Dios, el ser humano encuentra saciado su anhelo de infinito, por lo tanto encuentra orden en su vida y ya no requerirá de infinitas compensaciones, de naturaleza finita, para camuflar y «compensar» el vacío interior.

Esto cambia muchas cosas en el mundo empresarial como por ejemplo el afán desmedido de accionistas y gerentes de aumentar la riqueza a costa de los demás: trabajadores (pagándoles salarios injustos, sometiéndolos a cargas laborales desproporcionadas), clientes (vendiéndoles gato por liebre), comunidades y medio ambiente (con impactos negativos en el entorno).

Los empresarios convertidos al cristianismo y en permanente estado de tensión de santidad buscarán además a nivel de las culturas organizacionales y clima laboral: fomentar el desarrollo integral de sus colaboradores, con programas que desplieguen sus talentos y suplan, de manera auténtica, sus necesidades y expectativas.

Buscarán también desarrollar climas organizacionales en donde se vele por el equilibrio entre el trabajo y la familia y no se someta a la dictadura de la productividad al trabajador, al ahogo de otros dinamismos fundamentales que alberga en su estructura interior, que requieren ser desarrollados…

Asimismo procurarán con mucha conciencia el desarrollo de culturas organizacionales en donde se viva la virtud, en una práctica ascética que prevenga a los colaboradores de la adquisición de vicios que los inclinen a la infidelidad a su dignidad de personas y a la de su vocación…

Por otro lado cabe mencionar la importancia del perdón cristiano, el cual ayuda a superar los conflictos interpersonales, incluso en el mundo laboral. Esto ayuda a mejorar notablemente el clima laboral de cualquier organización.

Esto y mucho más tiene que aportarle el cristianismo al mundo empresarial, seguiremos reflexionando al respecto en otros escritos que publicaremos en las próximas semanas y meses..

RSE: ¿una moda?

La RSE, se ha puesto muy de moda, pero a pesar de ello no se le entiende y se le confunde y reduce a una herramienta de gestión, instrumento de marketing, estrategia de relación con las comunidades o a la caridad de la empresa; cuando en realidad representa la forma en que ayer, hoy y siempre (con mayores o menores avances) debió y deberá gestionarse una empresa, y es que si bien el fin de hacer empresa radica en generar riqueza, ésta no puede realizarse presciendiendo de una ética empresarial realista que invita a los directores, managers y colaboradores a ser responsables en la toma de decisiones, velando en las operaciones de la empresa no solo por la dimensión económica sino también por la social, ambiental, cultural e incluso moral; desde una adecuada relación con los stakeholders implicados.
La RSE algunos la definen (y comparto esta posición) como la gestión ética e integral de una empresa u organización. Esto significa que al momento de gerenciar una empresa los responsables y en sí todos quienes la conforman deben velar, dentro de sus funciones en el trabajo, que la operación de la empresa no genere impactos negativos y que por el contrario genere impactos positivos y valor para la organización y cada uno de los stakeholders que se encuentran dentro de la cadena de valor.
LA RSE debe empezar a trabajarse de acuerdo a los niveles de responsabilidad que la empresa tiene. Es fundamental que se tenga bien definida la prelación que existe entre un grupo de interés y otro, para no terminar reduciendo la RSE a unos grupos de interés (casi siempre suelen ser los más marketeros) y relegando otros que requieren de mayor esfuerzo y concentración por parte de la organización (por más que no sean los más marketeros).
La RSE no es pues una moda, es la manera correcta de gestionar una organización, y como su nombre lo indica debe hacerse de manera responsable. Por otro lado mencionar que la RSE no representa el paraíso organizacional, sino el realismo organizacional, la RSE es sencillamente la aplicación de la ética empresarial en las decisiones y operación de la empresa, ni más, ni menos, así que yo recomiendo que antes de iniciarse en la RSE, se profundice en la ética empresarial, pero cuidado con las «éticas» utilitaristas que suelen regir el mundo empresarial, mucho de lo que hoy en día se ha elaborado sobre RSE tiene esas raíces y por lo tanto no es raro que se hable siempre de beneficios e imagen cuando de RSE se trata.
Recomiendo profundizar en torno a concepciones sobre la ética empresarial más sensatas antes de iniciar la implementación de la RSE en cualquier organización, así no nos creeremos muchos cuentos y velaremos de manera auténtica por el desarrollo integral y sostenible de nuestro planeta…

Líder de TV

Existen organizaciones en donde las cabezas sólo aparecen cuando tienen que autorizar algo, o cuando deben ir a alguna reunión social (representando a la organización que dirigen) o cuando tienen que hacer alguna presentación o entrevista, ni qué decir de su presencia cuando de rendir informes y de estampar su firma en éstos se trata… y vaya que todo esto lo hacen muy bien.
El problema de estos líderes de TV, es decir: de pantalla, radica en que sólo aparecen en esos momentos (oportunos) en que las cámaras los enfocan, los aplausos los motivan, y mientras tanto, en lo cotidiano, en donde se juegan los partidos organizacionales, su compromiso con la dirección de la organización no se manifiesta casi en absoluto. Incluso existen los que ni siquiera se dan el tiempo para planificar el futuro de la organización de la que «están sumamente comprometidos…»
Los colaboradores de estos pseudo líderes son instrumentalizados por este líder de pantalla, el cual suele tener el perfil del persuasivo y si se mantiene en el largo plazo además de persuasivo, debe aparentar estar «comprometido con la causa». Una causa que solo defienden (o mayormente) cuando hay algún interés personal en juego: relaciones, status, dinero, oportunidades laborales, etc… Vamos que estos responden al perfil de mercantilistas, oportunistas, pero no de líderes…
¿Por qué la alta dirección de las empresas cometen el error de seguir con esos pseudo líderes?
Quizás porque solo buscan la eficacia organizacional, resultados, sin importar el rumbo que la organización tome y la cultura organizacional que se fomente. Seguramente ni les importe mucho la persona del pseudo líder, y es que si les importara harían algo por mejorar la calidad motivacional del mismo y su auténtico compromiso organizacional. A fin de cuentas el trabajo debe servir para mejorar a las personas y además por añadidura estas darán mas de sí por los demás y por la organización a la cual «sirven»…
¿Cuál es la solución frente a los pseudo líderes?


Hay que invitarlos a un auténtico compromiso organizacional, ayudarlos a mejorar su calidad motivacional, supervisar no sólo la eficacia de la organziación que dirigen, sino también el compromiso, atractividad y unidad que existen en la misma; intangibles que revelan el real esfuerzo del líder y lo más importante: pilares sobre los cuales se construye el futuro de aquella organización…
¿Y si no mejora?
De no mejorar lo justo y necesario, habrá que rescindir el contrato de este pseudo líder, porque en el tiempo terminará quebrando interiormente a la organización y llevándola a una posible desaparición, si es que no lo ha hecho ya…

¿Liderazgo?

Desde hace ya más de 2 décadas que el liderazgo se ha puesto de moda. Pareciera que éste se hubiera convertido en el ideal de la sociedad post moderna, a diferencia del heroísmo del renacimiento y de la santidad de la cristiandad medieval.

En un sentido el paradigma del «hombre» se ha debilitado frente a la sociedad light de estos tiempos. Vemos esto de manera más acuciante cuando profundizamos en la aproximación cultural que surge frente al fenómeno del liderazgo.

Basta con ver las imágenes que se asocian hoy en día al liderazgo: un manager con terno, cogiendo un maletín, solitario, en la cima del mundo, sobre los demás. Imagen que revela la gran necesidad de poder, status, dinero y autoafirmación que tienen las personas… Sin darnos cuenta estamos persiguiendo los ideales materialistas de las sociedades capitalistas y asumiéndolos como meta de la existencia.

El capitalismo nihilista ha infectado el concepto de liderazgo. No en vano se cree actualmente que los managers y los líderes son personas extraordinarias, superdotadas, autosuficientes, que pueden conseguir sus metas y cualquier cosa que se planteen, en donde quizás el «valor» supremo sea el éxito.

Este es un liderazgo individualista y como consecuencia utilitarista, que busca sus propios intereses y afanes, los demás le sirven, pero quien «lidera», no sirve.

No lo hace y probablemente nunca servirá porque justamente no le interesan sinceramente ni sus colaboradores, ni sus clientes. Las personas que ejercen este «estilo de liderazgo» terminan conviertiéndose en mercantilistas de grupo, los cuales en algún momento rompen con la unidad y cohesión de grupo, contagiando con sus vicios al resto de la organización, infectándola de un cáncer que tarde o temprano la llevará a la fractura y consiguiente desmoronamiento…

¿Cómo sacar lo mejor de los colaboradores?

Para sacar lo mejor de los colaboradores es preciso primero confiar en uno mismo, haber trabajado sobre las propias inseguridades, para poder escuchar abierta y serenamente a los demás, sumando las ideas y aportes de los compañeros o colaboradores y no tomándolos como competidores.

Es necesario saber indicar el norte y trabajar sobre una visión compartida, el horizonte debe quedar claro, así como también la estrategia fundamental a seguir, la hoja de ruta. Recordemos que cualquier camino es posible para aquel que no sabe a dónde va. Esto último trae consigo la pérdida de esfuerzos y de recursos.

Resulta necesario confiar en los demás, delegando tareas y responsabilidades, haciendo que los demás se autoexijan, evitando así la figura del jefe-vigilante, permitiendo con esto un ambiente laboral cálido y flexible.

Es fundamental ser emocionalmente inteligentes e impulsar a las personas a poner al servicio de la organización sus dones y talentos, los cuales primero hay que identificarlos y luego valorarlos.

Por otro lado resulta clave reconocer personal y públicamente el esfuerzo, trabajo y desempeño de los demás, sin caer en la exageración. Nunca uno debe ganarse los aplausos del trabajo de otros, la transparencia y humildad son fundamentales.

No hay que olvidarnos del feedback contínuo para mejorar. Al realizarlo hay que utilizar la inteligencia emocional y la comunicación efectiva para no herir ninguna susceptibilidad. Para esto resulta clave aprender a escuchar al otro y aprender a ver la realidad de este, así lograremos ponernos en su lugar, comunicándonos y expresándonos de manera fidedigna.

Al analizar un tema en cuestión hay que emitir preguntas en lugar de buscar imponer nuestras propias respuestas, esto permite un clima de trabajo horizontal en donde los colaboradores se sienten en la confianza de expresar sus ideas, porque saben que son valoradas, respetadas y tomadas en cuenta; esto al jefe le da la posibilidad de tener muchas perspectivas sobre el tema en cuestión y si además decide junto con sus colaboradores habrá conseguido el compromiso de los mismos para el logro de los objetivos propuestos.

De esta forma uno logra sacar lo mejor de las personas, y esto es motivo de alegría para ellas y para quien ayuda a esto, y así el trabajo se hace muy estimulante, no hay nada destructivo, todo es constructivo, y los errores son oportunidades de aprendizaje, no de malestar…

Coherencia organizacional

En el mundo organizacional también se descubre la necesidad de la coherencia entre lo que la filosofía organizacional dice y lo que en la práctica se hace.
Como dice un viejo adagio: «quien no vive como piensa, termina pensando como vive…»
Obrar de espaldas a la filosofía organizacional conduce a las organizaciones, tarde o temprano, al fracaso. Sin esa coherencia no responderán a su auténtica razón de ser, ni perseguirán el futuro deseado; cayendo así en la disonancia cognoscitiva y en la dispersión organizacional, en donde los recursos se emplearán de manera ineficiente y en donde las personas terminarán perdiendo la motivación al no trabajar en un proyecto coherente, consistente, con sentido y dirección…

Si los desaciertos organizacionales se hacen costumbre, se terminarán formando los vicios organizacionales, los cuales se refugian en las racionalizaciones, es decir: en pensamientos justificatorios que las personas se hacen sobre la manera de proceder en sus instituciones, llegando incluso a cerrarse a cualquier necesidad de cambio.

Las racionalizaciones terminan generando un mal clima organizacional en donde: la crítica constructiva, la innovación y la creatividad e incluso los nuevos liderazgos; son abortados, antes de nacer…

Otra consecuencia de la falta de coherencia organizacional es que la organización y sus líderes pierden la credibilidad y confianza de sus diferentes stakeholders (la fidelidad de colaboradores y clientes, por ejemplo).

Para concluir hay que recalcar que por muy eficaces que sean las organizaciones, si viven de espaldas a su identidad, filosofía y proyecto organizacionales, terminarán perdiéndose en el desgobierno con todas las implicancias prácticas (escasa retención del talento humano, pérdida de nichos de negocio, pérdida de clientes, deslegitimación social, etc.), con lo cual no se pueden desarrollar organizaciones sustentables en el tiempo…

¿Toma de decisiones en plena turbulencia?

En los negocios, como todo en la vida; no se pueden tomar decisiones en medio de la turbulencia.
La turbulencia es todo aquello que no nos permite ver con claridad la realidad y que nos impide profundizar en torno a los motivos de nuestras acciones (al por qué en realidad hacemos lo que hacemos), así mismo nos impide darle su verdadera magnitud a los problemas y pensar en la solución a los mismos.
Las crisis o turbulencias rompen con el equilibrio intelectual y emocional, revelando una oportunidad de aprendizaje estructural para la vida de quien la experimenta, un área de mejora, un campo inexplorado que requiere ser conocido y desarrollado.
Ante estos escenarios de inestabilidad es poco conveniente tomar decisiones fundamentales, es decir: aquellas que cambian nuestro horizonte, nuestro proyecto de vida u organizacional.
Es pues preciso que se restablezca la calma emocional primero, para luego ver con la suficiente claridad la realidad de las cosas, superando así la visión de lo que en primera instancia se nos presenta como verdad (aparente) o como algo muy confuso de comprender y por lo tanto de aceptar.

Usando una metáfora muy ilustrativa diremos que cuando las aguas están agitadas, hay que evitar exponerse demasiado a factores externos que la zarandeen y evitar uno mismo con sus propias manos agitarla más.

Hay que esperar a que las aguas se calmen, a que reposen, hasta el punto en que se pueda ver lo que hay debajo de ellas, recién ahí será prudente tomar decisiones. Estas responderán a la realidad de las cosas y no a los subjetivismos o racionalizaciones que nos hayamos podido ir haciendo durante el proceso de crisis, ya sea por querer aferrarnos a la situación de siempre (falsas seguridades) o ya sea por inventarnos «razones surrealistas» para cambiar de posición.

Las decisiones importantes se toman cuando uno se encuentra en equilibrio, reposado, cuando uno puede ver con la suficiente claridad la realidad de las cosas, su realidad interior y las motivaciones y necesidades auténticas.

Pero para tomar las cosas de esta manera hay que aprender a ser paciente con uno mismo y aguardar con reciedumbre interior a que las emociones reposen para que así la inteligencia pueda ver con claridad y decidir correctamente, sabiendo que siempre habrán riesgos menores que tomar (porque vivimos en medio de seres libres), pero comprendiendo que una cosa es tomar riesgos realistas y otra muy distinta: vivir esclavo de las emociones (pasajeras o permanentes), cambios frecuentes, falsas seguridades (pasadas o futuras) y estadíos de confort…

Ruptura entre la teoría y la acción

Las empresas y organizaciones se manejan dentro de la esfera de la acción, sin embargo si el accionar de las mismas carece de una previa y constante reflexión sobre su razón de ser, norte, estilo y maneras de proceder; aquellas se quedarán huérfanas de pensamiento y su accionar se perderá en la dispersión y se reducirán en la praxis a la dimensión de la eficacia, a los resultados; lesionando, sin darse cuenta, la atractividad y unidad de la organización; con la consiguiente pérdida del compromiso del factor humano y las grandes posibilidades de crecimiento que éste ofrece cuando se desarrolla en un entorno favorable.

Cuando la acción no tiene teoría, reflexión o contenido de por medio; se termina cayendo en la rutina, producto del sin-sentido del trabajo y de la anárquica administración y gestión de la organización. El trabajo sin-sentido termina des-motivando a los trabajadores con las consecuencias que se generan, como por ejemplo: la falta de identificación con la organización, el poco esfuerzo que se pone en las labores, la pérdida de la creatividad e innovación, etc…

Por otro lado: tenemos a organizaciones muy bien pensadas, pero que adolecen de una plasmación concreta de su filosofía y aspiraciones en la realidad, quedándose todo en sueños o utopías. Este tipo de gestión surrealista termina mermando también la atractividad y la unidad en el mediano plazo, dado que pierden la credibilidad y el compromiso de los trabajadores y de sus stakeholders.

Es preciso restaurar esa ruptura entre pensamiento y acción, evitando caer en los extremos: el de la utopía y el de la rutina. Hoy más que nunca se requieren managers reflexivos que puedan volcar estratégicamente las ideas en la acción concreta de las organizaciones que lideran…

Enfoque para enfrentar la adversidad

Con los años uno comprende que los problemas que la vida nos presenta, pueden ser tomados como oportunidades para aprender, crecer y forjar el carácter.

Conozco a personas que supieron salir adelante de graves problemas ajenos a su voluntad y de rotundos fracasos ya sea en los negocios, como en sus relaciones interpersonales y que hoy, gracias a todo lo aprendido, se desenvuelven equilibrada y consistentemente en la vida personal y en el mundo profesional.

Para lograr tal actitud frente a la vida, y aprender de la adversidad, es necesario comprender que los problemas y las crisis, nos brindan muchas oportunidades, y que lejos de rechazar las experiencias de sufrimiento (fugando con suscedáneos para compensarnos emocionalmente) es preciso asumirlas con realismo, con optimismo dramático…

Hay que aprender a ver la realidad con objetividad y sin indiferencia a las emociones; pero des-dramatizando, es decir: quitándole la distorsión que la subjetividad desarraigada de la realidad, produce…

Hay que evitar caer en los extremos: el del racionalismo desprovisto de sentimientos y el sentimentalismo desprovisto de razones.

En el primer caso si bien se puede analizar la realidad con mayor frialdad, no se le llega a analizar completamente, dado que se reduce el análisis a un aspecto y se excluye aquella dimensión de la existencia que le da color e intensidad a la vida y que permite ponerse sinceramente en el lugar del otro.

En el segundo caso, si bien se pueden sentir de manera particular las alegrías y dolores propios y ajenos, al estar desprovistos de la razón, se andará por la vida sin rumbo claro, sometidos a la dictadura de las emociones y a la falta de libertad auténtica (por más espontáneo que uno sea); así pues el accionar estará sometido al imperio de la emoción y divorciado de la verdad y del bien verdadero.

La solución radica en tener una cabeza fría al servicio de un corazón caliente, las cosas pre-claras, y sentimientos acordes a la realidad, no a espejismos…

Todo esto forjará la inteligencia y la voluntad, se irá creciendo en sabiduría y valentía, aspectos clave para vivir con sentido e intensidad, enfrentando de manera constructiva la adversidad … apasionándonos por la verdad y la vida… saliendo adelante de cualquier situación, por más difícil que parezca…