RSE, Comunicación y Valor

La responsabilidad social empresarial requiere de la convergencia entre hechos y palabras. No se puede decir aquello que no se hace y tampoco se puede dejar de comunicar aquello que se hace. Omitir estas cuestiones puede llevarnos en el primer caso a perder la credibilidad de nuestros grupos de interés y en el segundo caso a perder la oportunidad de mejorar la relación con ellos y la consiguiente mejora de la gestión de tangibles e intangibles en la cadena de valor.

Si queremos generar valor (mayormente intangible) entre los grupos de interés de las empresas, es preciso establecer una proactiva estrategia de comunicación.

Recordemos siempre que comunicar crea valor, no en vano reza el dicho que “nadie ama lo que no conoce”.

Asimismo es importante señalar que hasta la no comunicación ya transmite un mensaje a los grupos de interés y facilita el espacio para que otros actores gestionen los mensajes subyacentes. Recordemos siempre que si tú no comunicas, otros lo harán por ti, con las consiguientes consecuencias en la distorsión del mensaje que la falta de dirección de las comunicaciones puede ocasionar.

No escatimemos en comunicar las acciones de responsabilidad social que se realicen, teniendo siempre a la verdad y a la prudencia como criterios orientadores, sabiendo que lo que no se comunica no genera valor e incluso puede volcarse contra la propia organización.

Vivir responsablemente

En estos últimos años se viene hablando con insistencia sobre la responsabilidad social. Si bien es un tema de moda en el mundo empresarial, habría que preguntarnos que tan de moda se ha vuelto en la vida del común de nosotros, los ciudadanos…
El presente escrito tiene como objetivo el que reconozcamos nuestro rol de ciudadanos activos en la configuración de una sociedad mejor.
Para ello hay que re-tomar la conciencia sobre las prácticas que cotidianamente ejercemos, así pues es preciso que nos respondamos sinceramente sobre nuestros hábitos cotidianos, a continuación algunas preguntas:
– ¿Ahorramos el agua o la despilfarramos?
– ¿Racionalizamos el consumo de la luz o la malgastamos?
– ¿Reducimos el consumo de plástico y papel?
– ¿Evitamos imprimir cuando no es necesario?
– ¿Cuidamos los árboles y la naturaleza?
– ¿Contaminamos el aire?
– ¿Compramos productos que no dañen el medio ambiente?
– ¿Nos preocupamos por averiguar que los productos que compramos no hayan sido elaborados por niños o labor forzada?
– ¿Somos ciudadanos respetuosos de las normas de tránsito y de urbanidad?
– ¿Integramos a toda persona o discriminamos?
– ¿Ofendemos o somos respetuosos de los demás?
– ¿Somos pacíficos o mas bien optamos por la violencia?
– ¿Destruimos o construimos?
– ¿Somos íntegros o nos corrompemos?
– ¿Arrastramos a otros con nuestro mal ejemplo?
Que estas preguntas nos llevan a reflexionar sobre las costumbres que tenemos, sabiendo que las decisiones prácticas que tomamos tienen consecuencias en nuestras vidas y en la de los demás.
Que la inconsciencia y la pereza no frenen nuestras ganas de cambiar nuestros malos hábitos, vivamos responsablemente, sabiendo que con nuestro accionar cotidiano en casa, en el trabajo y en las calles… contribuimos a la conformación de una sociedad mejor…

Jefes tóxicos: Un análisis del problema

No pocas veces en el mundo laboral nos topamos con personas que mal-tratan a sus colaboradores… son los llamados jefes tóxicos.

Se caracterizan por contaminar el clima organizacional, haciendo la con-vivencia insufrible, llegando a ocasionar enfermedades organizativas en las personas del área en que ejercen influencia. ¿Acaso no se dan cuenta que con su influencia pueden destruir la salud mental de sus colaboradores?

Podemos describir su comportamiento típico: son personas preocupadas principalmente y a veces casi exclusivamente por la consecución de los objetivos que se proponen, relegando de esta manera a las personas a la condición de instrumentos, de los cuales se sirve para conseguir los fines que se ha propuesto.

Suelen no escuchar las ideas de los demás, si lo hacen no las toman en serio o simplemente las menosprecian, y es que ni siquiera se dan el trabajo de valorarlas, pero eso sí: nunca pierden la oportunidad de hacer notar que sus ideas son las mejores…

Cuando el grupo se afilia a una idea distinta a la del jefe tóxico, este suele reaccionar con envidia, siente en lo profundo de sí que los demás no lo valoran, se pone inseguro y en posición defensiva, la cual paradójicamente lo lleva a cuidarse de los demás a través del ataque, para lo cual se sirve de la indiferencia, del sarcasmo, del menosprecio de los trabajos e ideas de los demás, de exigencias laborales desproporcionadas. Busca probar que los demás no son tan buenos como él, para lo cual incluso renuncia a la labor orientadora que un jefe tiene con sus colaboradores e ironiza sobre cada uno de ellos en público, evidenciando tácitamente las supuestas deficiencias que tienen.

Sucede que en su mente enferma, la manera de recuperar la seguridad y “estabilizarse” (aunque solo sea ficticiamente) es a través del uso de su poder formal, imponiéndose y sometiendo a los demás, pisoteándolos emocionalmente.

Probablemente los subordinados se queden callados por temor a quedarse sin empleo, pero el malestar sigue estando presente, con lo cual se incrementarán las conversaciones a espaldas de…, la cultura del pasillo y el chisme, instalándose así la hipocresía en las relaciones laborales o por el contrario las fricciones constantes… lo cual tarde o temprano pone a la víctima del mal-trato en posición de salida o despido… y al jefe en el objeto de todas las críticas por parte de sus colaboradores…

¿Qué motiva a los jefes tóxicos?

Los jefes tóxicos suelen vivir motivados por conseguir el aplauso de la tribuna, es decir: buscan llamar la atención de las personas sean estos sus superiores, amigos o familiares. Tienen un afán enfermizo por destacar y es que el trabajo parece convertirse para ellos en la oportunidad de reinvindicarse ante los ojos de los demás, para de esta forma experimentar la valía personal (inauténtica) y así lograr la aceptación y “cariño” de los demás…

Esta distorsión se origina en las primeras comunidades de vida: familia (principalmente) o colegio.

Es en la familia en donde uno aprende a ser querido y valorado. Si en casa los padres muestran cariño solamente cuando el hijo triunfa, éste crecerá decodificando subconsciente e inconscientemente que para ser querido y valorado requiere conquistar éxitos, creerá que uno es valioso por lo que consigue, por las cualidades que tiene o adquiere y que todo esto lo hace “digno” de “amor”.

En su mente se irá configurando el paradigma del winner y empezará a tomar decisiones existenciales en función a lo que el entorno le ofrezca para satisfacer esta necesidad.

Cualquier fracaso en la vida lo llevará a derrumbarse anímicamente y es que su auto-estima ha sido construída sobre paja que el viento arrebata. Seguramente para levantarse (aunque solo ficticia y por lo tanto temporalmente), esta persona, de manera revanchista, se propondrá otro objetivo por conquistar y una vez que lo consiga lo publicará en las primeras páginas de su entorno social… para recuperar “valor” y “cariño”…

¿Cuál es la solución?

La solución se encuentra en encontrar las verdaderas razones por las cuales uno es valioso y querido.

Para esto hay que empezar por desenredar las asociaciones mentales que se tengan instaladas por las experiencias y aprendizajes que se hayan tenido durante la vida; todo lo cual debe ser reflexionado a la luz de la realidad, no en cuanto al desorden en que ésta se encuentra, sino en función al orden que la consciencia descubre debería de reinar.

Todo esto implica un trabajo de introspección, autoconocimiento y de reconciliación. Conlleva un re-descubrimiento de la dignidad que las personas poseen, el profundo valor que uno tiene, todo lo cual es independiente de las cualidades (físicas, psicológicas, morales, etc.), logros obtenidos y bienes adquiridos… Entiéndaseme bien: no es que las cualidades, logros y cosas no tengan un valor (siempre relativo), pero esto es muy distinto a valorarnos por estos…

Todo esto exige una metanoia, una transformación de la mente y del corazón, pero no en función a las modas imperantes del mercado, terrible deformador de la salud mental, el cual nos posiciona sus ideas reductivas sobre quién es el ser humano a través de la TV y del Internet…

Consejos prácticos:

a) Utilizar un cuaderno por las noches para poner en blanco y negro las experiencias negativas que mas hayan impactado durante el día, servirá para analizar la idea de fondo que pudo generar alguna emoción negativa, aquella será preciso analizar objetivamente para saber si tiene algún asidero en la realidad y por qué subjetivamente pudo afectar.

b) En lo cotidiano, relaciónese con los demás desde la aceptación de lo que en realidad son, valore a todos por igual, sea un apoyo para ellos, no menosprecie a nadie (aún si cometen errores), no los utilice como medios para sus fines: ¡respételos!, promueva su crecimiento. Enseñe de manera constructiva a que las personas se desarrollen. Sea un constructor, edifique, no derrumbe, aliente sinceramente a sus colaboradores (tampoco exagere, que se sabe cuando es falso), en síntesis: sea auténtico, usted mismo, no busque hacer las cosas para que lo acepten, valoren, respeten o quieran. Busque aceptar, valorar, respetar y querer a las personas, así no lo hagan con usted… crecerá así en fortaleza y grandeza de alma, viendo los problemas desde la cima de la montaña y no en medio del bosque, donde solemos perdernos y con ello la vista sobre lo fundamental…

El peso de amor en nuestro trabajo…

Hoy regresaba a mi oficina y me quedé releyendo la frase que puse meses atrás en un lugar de la misma, la cual dice: «al final de nuestras vidas, lo importante no será la cantidad de trabajo que hayamos hecho, sino el peso de amor que hayamos puesto en nuestro trabajo…» (Madre Teresa de Calcuta).
Esta frase me impresiona mucho, más aún en medio de un mundo que privilegia el hacer y la eficacia; al ser y al amor…
El trabajo aporta de manera fundamental a la felicidad o no de las personas. Antes de profundizar específicamente en torno a él, es preciso mencionar la jerarquía que una persona debe respetar en su vida para no desordenar la misma y evitar así dificultar la conquista de la felicidad.
Tomando las ideas fundamentales de Luis Fernando Figari, diremos que el orden que una persona debe respetar en su vida es el siguiente:
a) Relación con Dios
b) Relación con uno mismo
c) Relación con la pareja
d) Relación con los hijos
e) El trabajo
f) El apostolado y servicio comunitario
Este orden garantizará no descuidar lo más importante, por lo más urgente y saberle dar a cada aspecto de la vida su lugar y ponderación.
Como podemos darnos cuenta, el trabajo no ocupa el lugar principal de nuestras vidas, sin embargo es en la práctica el lugar donde quizás más tiempo pasa una persona.
Al respecto tengo mis críticas al sistema, creo yo que la jornada laboral no debiera ser de 8 horas, ésta debiera reducirse a 5-6 horas, permitiendo así a los trabajadores contar con más tiempo para dedicarle a otros aspectos fundamentales de su existencia. Además la productividad por hora se incrementaría y la motivación también, dado que esta depende de lo más profundo del trabajador (del cultivo de su interioridad, la cual será posible al dedicarle tiempo a otras actividades), antes que de los factores externos (sueldos y reconocimientos).
Mientras las cosas no cambien será necesario aprender a organizarnos de tal forma, que podamos satisfacer las necesidades que surjan de cada una de las dimensiones de nuestra existencia, para lo cual diferenciar lo urgente de lo importante, la rigidez de la flexibilidad, resultará clave.
Regresando al tema del trabajo, hay que decir que este es importante no solamente porque despliega los dones y talentos de las personas, contribuyendo así a su crecimiento personal, sino porque a través de la adquisición de virtudes, la persona se perfecciona a sí misma. Hay que resaltar que el trabajo es importante porque éste permite la satisfacción de las necesidades de las personas y sociedades, adquiriendo así una dimensión trascendente. Finalmente debo mencionar que el trabajo es la cooperación del hombre con Dios para la cocreación de un mundo mejor, más acorde al Plan amoroso de Dios, que quiere un mundo mejor en donde el hombre puede ser feliz y alcanzar su plenitud.
Por eso la importancia de incorporar en nuestra acción cotidiana no solo nuestras capacidades, sino toda la potencia de nuestro amor, que nos impulse a transformar con nuestro trabajo las organizaciones y sociedades, generando así mayor valor social para todos los stakeholders involucrados.
Lo importante no es hacer algo, sino por qué y para quién lo hacemos, no llena una vida de acumulación de títulos y riquezas, sino una vida en la cual hayamos podido mejorar la vida de las personas…

La Escucha Humilde

Usualmente cuando alguien nos habla y empieza a dar juicios de valor sobre nosotros mismos o determinados temas, empezamos a responder, como si estuviéramos a la defensiva o dando un examen oral en el cual hay que deslumbrar al profesor para sacar buena nota.

Debemos aprender primero a escuchar profundamente al otro y comprender el mensaje que realmente quiere transmitirnos.

Hay que evitar actuar cuidando nuestra propia imagen y valía, sería más deseable preocuparnos sinceramente por atender y entender al otro, sin pre-juicios que nos cierren a la realidad y a rescatar lo bueno, veraz, positivo o valioso que tenga que decirnos.

De esta forma evitaremos generar situaciones de conflicto que nos alejen de los demás y que configuren malos climas organizacionales, siendo todo esto válido para las relaciones laborales, personales, diplomáticas, etc…

Para combatir la pobreza, crear empresa…

Hacer empresa trasciende a los motivos económicos de los accionistas.
Crear una empresa es una manera eficiente de satisfacer las necesidades de los consumidores y de generar ingresos sostenibles para las personas que laboran en la misma.
La empresa ayuda por lo tanto a mejorar las condiciones de vida de los consumidores con los productos y servicios que brinda.
Así también: mejora las condiciones de vida de sus colaboradores al generar trabajo y fomentar una cultura organizacional que ayuda a la perfección humana de los mismos, combatiendo así la pobreza material y moral; construyendo con esto una sociedad mejor en términos materiales y trascendentales.
Como vemos la creación de una empresa tiene además del sentido económico, todo un sentido social y humanista, a diferencia de la caricatura salvaje que muchos se hacen de los empresarios.
El Estado con sus programas sociales y a través de la educación busca aliviar las necesidades más apremiantes de la población, sin embargo no se puede salir de manera sostenida adelante si no se crean empresas y puestos de trabajo.
Tenemos que tomar conciencia del rol fundamental en el desarrollo de un país que la creación de empresas y la consiguiente generación de puestos de trabajo tiene.
Hay que vencer el miedo a asumir riesgos, basta con identificar necesidades desatendidas en el mercado, creatividad en como responder a estas, así como fuentes de financiamiento para concretar lo pensado, para crear empresas, claro está que cumplan con los criterios no sólo económicos, sino también sociales y ambientales y así lograremos también sociedades sostenibles…

Inseguridades en el Trabajo

No pocas veces las cosas en el trabajo se traban producto de las malas relaciones interpersonales.
Una de las causas de las malas relaciones interpersonales sobre la cual me detendré en este escrito es la inseguridad.
Existen en las empresas personas que por miedo a que el compañero tenga una idea o desempeño mejores, empiezan a ponerles trabas en la relación laboral y en definitiva en el trabajo, ya sea complicándoles las cosas, evitando que se comuniquen con otros, desprestigiándolos, copiando sus ideas y adelantándose en su difusión, u otras prácticas semejantes o peores…
Este tipo de actitudes revelan una actitud de envidia, pero siendo más agudos en el análisis diremos que se deben a una profunda inseguridad de quien actúa así.
La inseguridad surge al tener un equivocado concepto de uno mismo, que casi siempre está relacionado a la infravaloración o al creer que los demás valoran determinadas cualidades de las personas que uno no posee y se empeña por obtener. Al respecto aún si esto último tuviera algún asidero en la realidad cotidiana, hay que decir que uno no puede pretender ser quien no es.
Uno debe aprender a conocerse, aceptarse, quererse rectamente y despreocuparse de la aceptación o rechazo de los demás. La verdad como criterio orientador debe liberarnos de querer proyectar o asumir falsos conceptos sobre uno mismo para agradar a los demás y sentirnos recién «seguros».
Si en el trabajo hay alguien que objetivamente es mejor en determinadas cuestiones, uno debe humildemente reconocerlo, ser humilde no es otra cosa que andar en verdad. Uno debe desde quien es y según el máximo de sus capacidades y posibilidades aportar al bien común de la organización o sociedad en que se encuentra, sin buscar competir, sino buscando aportar, sólo cuando la actitud de servicio domine nuestras labores cotidianas y accionar, nos libraremos de las falsas seguridades y sumaremos todas las capacidades y talentos propios y de los demás por conquistar el objetivo común de la empresa u organización en que se trabaje…

¿Guagua que no llora, no mama?

En no pocas empresas existe un descontento por el salario que determinado trabajador tiene y más aún si se compara con el de otro del mismo rango jerárquico que gana más.
Esto sucede porque en muchas empresas faltan definir las políticas remunerativas y de RRHH que evita que sucedan estos escenarios, así mismo falta que se realice la evaluación del desempeño de los colaboradores, a partir del cual sacar importantes conclusiones, para remunerarlos mejor o darles un bono de reconocimiento o a la productividad, en función a un criterio de estricta justicia.
Mientras tanto seguiremos con la política del sistema informal que dice que guagua que no llora, no mama. Así que si alguno se identifica con aquel colaborador descontento, no esperemos a que las cosas caigan del cielo y menos si el jefe tiene la cabeza en mil cosas, el cual además puede asumir, tácitamente, que uno se encuentra conforme con las condiciones laborales que tiene…
Así que a los gerentes y jefes de RRHH llamarlos a gestionar adecuadamente a su personal y a los colaboradores a no dormirse, mientras que no haya una adecuada gestión de los RRHH…

Ojos que no ven…

En el trabajo es imprescindible no olvidarnos de la frase célebre que dice: ojos que no ven, corazón que no siente.
Me refiero a que el trabajo de todo colaborador tiene que dejarse ver, caso contrario no será necesariamente valorado en su real magnitud. Esto último sucede no por mala voluntad de quienes son nuestros jefes, sino por la dinámica de actividad en que están inmersos nuestros jefes; por la cual no tienen el necesario tiempo para supervisar y valorar como quisiéramos (y quizás, como debiese ser), el trabajo realizado, la obra que se haya hecho.
Por eso hay que adelantarnos y actuar estratégicamente; no en vano se escribe en la Biblia: «puros como palomas, astutos como serpientes». Hay que buscar el momento oportuno para mostrarle al jefe o implicados (en sl asunto): el trabajo realizado. Esto permitirá que lo valoren, también que hagan críticas constructivas; pero en definitiva que lo valoren…
Esto no significa que debamos vivir pendientes de agradar o de buscar ser vistos, bien decía un autor que hay que dejarse ver, sin buscar ser vistos.
Concluyo el presente escrito diciendo que no hay que ser ingenuos y que debemos saber movernos, siempre con la conciencia clara que el trabajo que realizamos aporta a los demás y genera valor a la sociedad y que finalmente trabajamos para cooperar con la gran tarea de construir un mundo mejor, y eso hay que dejar que se vea … sin buscar que se nos vea …

Comienza la pretemporada

Si creemos que por estar en la época de vacaciones, podemos caer en la autocomplacencia, nos equivocamos.
Por el contrario ha llegado la época de máxima exigencia, de someter el cuerpo, la mente y el espíritu a la máxima tensión (constructiva, claro), para preparar nuestro ser a los ritmos normales y extraordinarios que se nos presenten durante el año 2009.
Así pues habría que empezar por diseñar un Plan de Vida, éste debe elaborarse en función a la máxima aspiración que tenemos los seres humanos: la felicidad. Como esta se da en función al despliegue de nuestro ser en torno a sus relaciones fundamentales, el Plan de Vida, también deberá estar estructurado en función a nuestras 4 relaciones fundamentales: con Dios, con uno mismo, con los demás, con la naturaleza.
De ahí surgirán temas clave sobre los cuales trabajar, ya sean metas, áreas de mejora o sueños realizables. Luego de haber trabajado sobre un Plan de Vida realista, habrá que empezar por lograr una disciplina ordenada, sin llegar a la rigurosidad científica, que nos permita adquirir una serie de hábitos que nos facilite el responder a nuestro plan.
Para no dejarnos estar, será oportuno hacer un examen de conciencia todas las noches sobre la diligencia que hayamos puesto en cada una de nuestras actividades cotidianas.
Estamos pues en verano, época de ponernos en forma, para conquistar nuestros anhelos no solo en este 2009, sino a lo largo de nuestras vidas; finalizo la siguiente reflexión recordando que quien no avanza, retrocede… No nos dejemos estar, ¡a crecer!