Compañerismo y Trabajo en Equipo

No pocas veces en el trabajo nos habituamos a concentrarnos solamente en nuestras funciones y objetivos. Esta actitud puede terminar haciéndonos olvidar de nuestros compañeros de trabajo y de la necesidad que tenemos de contar unos con otros para el mejor desempeño de nuestras actividades y para aliviar algunos de nuestros problemas personales.

Que el activismo y la rutina no nos cierren a olvidarnos de los demás, a trabajar en equipo y a preocuparnos de nuestros compañeros.

Recordemos que los ambientes en donde se trabaja en equipo y en donde existe una verdadera preocupación por el compañero, mejora el clima laboral y por consiguiente la productividad del área, de la empresa, y hace que los trabajadores se sientan muy a gusto en la empresa en que trabajan.

“Cuando de contar se trata, los compañeros de equipo deben poder contar los unos con los otros.” (Jhon Maxwell)

¿Obligar o liderar?

Hay jefes que no logran, por mas que intentan, orientar al equipo que dirigen, agotan todas sus estrategias y no consiguen influir en sus colaboradores; por el contrario generan rechazo y un clima laboral adverso. Ante esto se refuerzan (pretendiendo hacerse respetar) con un estilo de liderazgo autoritario, que linda con el perfil del dictador, el cual busca que los demás lo sigan, lo obedezcan, y usa la reprimenda y la coacción (cuando aquello último no sucede), agravando aún más el problema.

Para dirigir un grupo de personas, uno debe olvidarse de que lo sigan y obedezcan, uno debe preocuparse por alentar al grupo a que todos en equipo alcancen las metas, uno debe preocuparse de la persona del trabajador, de servirlo, de ayudarlo, de dirigirlo desde la comprensión de su personalidad y estilo de trabajo particular. Uno debe preocuparse de dar el ejemplo, trabajando con los demás, no buscando que los demás trabajen para uno.

Esto hará que desaparezca la barrera que la jerarquía de jefe genera y se cree un clima positivo y de confianza en donde se tenga ya no un jefe sino un líder…

A más poder, más servicio

Cuando en una empresa o proyecto se empieza a tomar poder por las responsabilidades asumidas, es preciso hacer un alto y reflexionar.

Hay que reconocer que las capacidades y talentos que tenemos, si bien han sido desarrollados durante nuestras vidas, no son cosas que hemos conquistado por nosotros mismos, sino que son ante todo un background con el que nacemos y que luego desarrollamos gracias a la interacción con otras personas. Esto nos abre a la humildad, que no es otra cosa que andar en verdad. Creer lo contrario a lo que la realidad nos dice es ser falsos y es la inautenticidad, aun disfrazada de valor, la que nos lleva a perdernos a nosotros mismos, no en vano reza el evangelio: «¿De qué sirve conquistar el mundo si te pierdes a ti mismo?»

Por otro lado hay que asumir los talentos que tenemos como la responsabilidad frente a las demás personas, para ayudarlas a ser mejores, tener calidad de vida y ser felices, desde lo que nos toca, desde aquello que podemos aportar realmente porque tenemos el talento, el don, para eso. No en vano en alguna película reciente de Spiderman dicen: «a un gran don, una gran responsabilidad». No es para envanecerse, tampoco para estresarse, es cuestión de asumir el llamado que la vida nos hace, aquella misión particular, que además llenará de sentido y contenido a nuestra existencia.

Por todo lo dicho, a más poder: más servicio, solo de esta forma asumiremos de manera positiva y equilibrada los talentos recibidos, y es en esta dimensión de servicio donde nos desplegaremos verdaderamente. De lo contrario la soberbia, la ira, la impaciencia con los demás y la dureza de corazón se apoderarán de nosotros hasta convertirnos no solo en temibles dictadores, sino terribles personas, con «pinta de guerreros» y «corazón de monstruos»…

Sólo el servir puede salvarnos del poder usado para la gloria personal y no para el bien, el bien común…

Gestión de la Palabra

La palabra tiene una influencia decisiva en las reacciones que provocamos en las personas. Hay que pensar bien lo que vamos a decir, antes de decirlo, porque de actuar irreflexivamente podríamos terminar generando una reacción no deseada, un clima emocional adverso y terminar truncando nuestras relaciones humanas.

Por ello es necesario que primero trabajemos en nosotros mismos, en la maestría personal, en el autodominio, lo cual por ejemplo implica reconocer y superar nuestros miedos e inseguridades. Sucede con mucha frecuencia que si tenemos problemas de valoración personal, cuando nos vemos ante opiniones e ideas de otros distintas a las nuestras, terminamos actuando terca, obstinada y conflictivamente; todo para afirmarnos a nosotros mismos y no sentirnos rechazados, infravalorados o inseguros ante los demás.
El ser humano es una unidad, y la dimensión interna con sus riquezas y pobrezas termina proyectándose en la dimensión externa y dirigiendo nuestro accionar. Por eso que nuestro accionar debe estar movido por una rica vida interior, en donde los problemas personales se hayan o se estén reconciliando.
Por otro lado hay que ser conscientes que para poder hablar primero hay que practicar la escucha profunda de los demás, para esto no podemos quedarnos en las técnicas, sobretodo se requiere de una verdadera conversión del corazón, transformar el corazón de piedra en uno de carne, que lata al unísono con el de los demás y que por lo tanto rompa con las fronteras que lo cierran a los demás, pudiendo ahora sí atender y escuchar de verdad al otro, comprendiendo lo que quiere decir y aquello que subjetiva y objetivamente necesita.
Todo esto permitirá que nos comuniquemos de manera realista con el otro, atendiendo a través de nuestras palabras a su particular circunstancia, la cual comprenderemos si lo hemos escuchado y observado profunda y humanamente, esto último es importante recalcar porque no se trata de actuar como «psicólogos» y tratar a los demás como un caso de estudio, sino de tratar a los demás como personas que tienen toda una complejidad que hay que intentar conocer para saber aproximarnos adecuadamente y tener así relaciones de calidad.
Retomando el tema de la palabra, hay que velar porque nuestras palabras siempre respondan a una finalidad constructiva. Aún si lo que se dice fuera verdad, si no se dice con caridad, no debe decirse y es preferible callar.
Por otro lado se debe pensar bien sobre qué se va a hablar y discernir si lo que se va a decir es verdad, bueno o conveniente. Hay que tener bien presente si aquello que se dice es oportuno decirlo, ya sea por la disposición de quien escucha o por las circunstancias externas en que nos encontremos, como por ejemplo: delante de gente, en medio de una actividad, en plena crisis, etc.

Finalmente hay que ser conscientes del modo en que decimos las cosas, por ejemplo: si muy duros, si muy blandos, si hablamos demasiado fuerte, bajo, lento o rápido, si de manera dispersa o bien enfocada, si nuestros cuerpo expresa lo que nuestras palabras dicen, si nuestra vida habla de aquello que proclamamos, si usamos las palabras precisas, aquellas que no generarán ninguna mala interpretación y si son las que el oyente al que nos dirigimos comprende.
Es pues toda una maestría aprender a usar la facultad del habla, seguramente si adquirimos esta maestría podremos tener relaciones armónicas, ya sea en el trabajo, en las instituciones a las que pertenezcamos, en la familia, con los amigos, en la vida pública, etc…

El salario no lo es todo

Se cree que las personas se desmotivan fundamentalmente por un tema económico, pues no es el elemento más importante, aunque parezca todo lo contrario.

Las personas se desmotivan cuando el trabajo que realizan no responde a un proyecto que ordena las tareas a objetivos y los objetivos a una misión, a una contribución de la organización a las personas o clientes.

Cuando el trabajo no responde a un proyecto, los colaboradores no experimentan la tensión creativa que los mueve a dar lo mejor de ellos para contribuir a que la organización alcance la meta soñada, su visión…
El trabajo que no responde a un proyecto hace que las actividades pierdan sentido y se caiga en el funcionalismo y en la rutina. Con la rutina la capacidad creadora del hombre empieza a anquilosarse. Tarde o temprano uno se da cuenta que no despliega todos sus talentos y que no está aportando mucho a los demás, todo lo cual hace que se vaya acumulando frustración, lo que provocará que la persona, tarde o temprano y a pesar de la necesidad económica, termine dando un paso al costado de la (des) organización para la cual labora, y es que hay cosas en la vida que pesan más que el dinero, las personas buscamos que nuestras actividades cotidianas contribuyan a nuestro desarrollo personal y mejoren la vida de los demás…
El optimismo marca la diferencia

“Frente a la adversidad unos crecen, otros se achican.” (Santiago Alvarez de Mon)
¿Cómo entendemos la vida? ¿Cómo una escuela o como una prisión?

Sólo el optimismo puede llevarnos a entender la vida, a pesar de sus problemas y dificultades, como una escuela, como una aventura apasionante…

Con optimismo los problemas se toman como oportunidades, las crisis como una escuela para conocer nuestros límites, aprender de nuestros errores y para desarrollar virtudes. Las diferencias con las personas se toman como oportunidades para ver las cosas de diferentes ángulos, ampliando nuestra visión, haciéndonos comprender que personas distintas no son rivales sino complementos. El optimismo también nos permite tomar el conflicto como la oportunidad de practicar y desarrollar la empatía, comprensión, tolerancia y las habilidades de persuasión y negociación.

¿Qué tipo de personas somos? ¿Optimistas o pesimistas? ¿Nos quejamos de todo o buscamos soluciones a todo? ¿Edificamos o destruimos? ¿Encontramos “peros” para cada cosa, o allanamos el camino y vamos para adelante? ¿Cortamos el circuito de la creatividad o lo estimulamos? ¿Sumamos o restamos?

El optimismo, fundado en la esperanza, no nos ciega a la realidad sino que cambia nuestra respuesta a la misma, nos dota de una especial energía interior que nos permite combatir nuestros miedos e inseguridades y que nos empuja a desplegarnos, relacionarnos mejor con los demás y a transformar la realidad…