El salario no lo es todo

Se cree que las personas se desmotivan fundamentalmente por un tema económico, pues no es el elemento más importante, aunque parezca todo lo contrario.

Las personas se desmotivan cuando el trabajo que realizan no responde a un proyecto que ordena las tareas a objetivos y los objetivos a una misión, a una contribución de la organización a las personas o clientes.

Cuando el trabajo no responde a un proyecto, los colaboradores no experimentan la tensión creativa que los mueve a dar lo mejor de ellos para contribuir a que la organización alcance la meta soñada, su visión…
El trabajo que no responde a un proyecto hace que las actividades pierdan sentido y se caiga en el funcionalismo y en la rutina. Con la rutina la capacidad creadora del hombre empieza a anquilosarse. Tarde o temprano uno se da cuenta que no despliega todos sus talentos y que no está aportando mucho a los demás, todo lo cual hace que se vaya acumulando frustración, lo que provocará que la persona, tarde o temprano y a pesar de la necesidad económica, termine dando un paso al costado de la (des) organización para la cual labora, y es que hay cosas en la vida que pesan más que el dinero, las personas buscamos que nuestras actividades cotidianas contribuyan a nuestro desarrollo personal y mejoren la vida de los demás…
El optimismo marca la diferencia

“Frente a la adversidad unos crecen, otros se achican.” (Santiago Alvarez de Mon)
¿Cómo entendemos la vida? ¿Cómo una escuela o como una prisión?

Sólo el optimismo puede llevarnos a entender la vida, a pesar de sus problemas y dificultades, como una escuela, como una aventura apasionante…

Con optimismo los problemas se toman como oportunidades, las crisis como una escuela para conocer nuestros límites, aprender de nuestros errores y para desarrollar virtudes. Las diferencias con las personas se toman como oportunidades para ver las cosas de diferentes ángulos, ampliando nuestra visión, haciéndonos comprender que personas distintas no son rivales sino complementos. El optimismo también nos permite tomar el conflicto como la oportunidad de practicar y desarrollar la empatía, comprensión, tolerancia y las habilidades de persuasión y negociación.

¿Qué tipo de personas somos? ¿Optimistas o pesimistas? ¿Nos quejamos de todo o buscamos soluciones a todo? ¿Edificamos o destruimos? ¿Encontramos “peros” para cada cosa, o allanamos el camino y vamos para adelante? ¿Cortamos el circuito de la creatividad o lo estimulamos? ¿Sumamos o restamos?

El optimismo, fundado en la esperanza, no nos ciega a la realidad sino que cambia nuestra respuesta a la misma, nos dota de una especial energía interior que nos permite combatir nuestros miedos e inseguridades y que nos empuja a desplegarnos, relacionarnos mejor con los demás y a transformar la realidad…