La peor combinación para la toma de decisiones: La arrogancia con ignorancia

Ayer estuvimos reunidos un grupo de profesionales conversando sobre empresas exitosas que de pronto empezaron a experimentar problemas de fidelización de clientes, ventas, etc, hasta caer estrepitosa e inusitadamente…
En mi opinión todo factor externo del negocio se resiente en el mediano plazo cuando se han debilitado los factores de excelencia o internos en el corto plazo, es decir: cuando se ha producido un empobrecimiento del talento y liderazgo de colaboradores y ejecutivos.
Recordemos que los home runs de ayer no dan la victoria en el presente. Los activos intangibles o propulsores del talento y liderazgo son las actitudes, conocimientos y habilidades. 
La raíz del empobrecimiento del talento y liderazgo reside en aquella actitud que suele «dinamitar» silenciosamente la estructura de una organización, la famosa: arrogancia.
La arrogancia en el ámbito empresarial surge cuando los líderes de una organización tienen una elevada autoconfianza y una baja humildad; frente a los triunfos se inflan y frente a los errores minimizan su actuación o culpan a terceros (colaboradores, proveedores o clientes).
El mayor problema para la labor fundamental de un líder, tomar decisiones, reside en: no ver la realidad tal cual es. Mientras la empresa siga en la cima, estos «líderes» decidirán sin observar o minus-valorando los riesgos de mercado, operacionales, financieros, organizacionales … ¡tamaña miopía!
Sobre-estimarán las fortalezas de la organización, sub-estimarán al entorno de negocios; hasta que producto de una combinación nada favorable de estas últimas variables… inevitablemente empiece la organización a resbalar por una pendiente inclinada que termina en el precipicio …
Producto de una investigación Jim Collins escribió el libro How the Mighty Fall, en el cual extrae como una de las principales conclusiones que el origen del fracaso de las organizaciones poderosas reside en la arrogancia de sus líderes. 
El evangelio metafóricamente nos dice que un ciego no puede guiar a otro ciego; y ahora imaginémonos como guiará alguien «ciego», que cree ver la realidad tal cual es…

Lo que ocurre es que la ausencia de humildad provoca que la inteligencia y las capacidades (estratégicas, ejecutivas y de liderazgo) al momento de decidir no se adecuén a la realidad y se sesguen obstinadamente a lo que se cree («esto siempre ha funcionado así) y no a lo que es (los problemas reales, criterios y alternativas de solución).

Finalizando: aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra, … como seguramente todos hemos tropezado en algunas ocasiones, toca examinarnos primero a nosotros mismos y después aconsejar a los demás: empezando por aquellos que tienen poder (debido a su nivel de impacto en las personas y porque son a quienes les suele llegar al último las malas noticias)… seguramente decidirán mejor con mayor información…
Hasta la próxima…