Uno juega, como entrena…

Por más talentoso que uno sea, si no se cultivan una serie de virtudes, será imposible que el talento tenga una extensión duradera.

Cuando aparezca será deslumbrante, pero tendrá la aparición y desaparición propias de una estrella fugaz, cuya estela se desvanecerá rápidamente.

La gente con talento, pero sin disciplina y esfuerzo, nunca dejará huella, solo la imagen del eterno potencial…

En el mundo profesional y en general en la vida; uno termina jugando como entrena. Los resultados no son producto del azar, son producto del esfuerzo personal y de las gracias que la Vida nos concede. Incluso si se reciben las gracias de la Vida y no hay esfuerzo personal, los resultados serán corto placistas y por lo tanto no se realizará ningún aporte sustancial a la organización, empresa o proyecto para el cual se trabaje, y tarde o temprano las puertas de salida empezarán a llamar.

Hay que decir que el entrenamiento no se limita a la escuela, universidad o las grandes lecciones que la vida misma nos da. Uno debe entrenar constantemente en la vida cotidiana…

¿Cómo entrenarse cuando ya se vive trabajando 8 horas al día?

La clave radica en una vida ordenada. Gozar de disciplina en nuestras vidas nos permitirá sacar el máximo provecho al tiempo y tener una vida equilibrada e intensa.

Así pues, es importante realizar ejercicio constante para fortalecer el carácter y la voluntad, así mismo es necesario gozar de un tiempo diario intenso de vida espiritual y meditación. Hay que también ejercitarse en el servicio concreto en las labores cotidianas. También hay que dedicarle tiempo al cultivo de la mente y a la distracción, con un buen libro y una buena película. No nos olvidemos de estar dispuestos a escuchar, comprender y ayudar a las personas con las que nos interrelacionemos en todo momento.

Todos estos ejercicios prácticos irán configurando en nosotros hábitos y disposiciones: virtudes, para que cuando toque el partido estemos preparados y hagamos rendir nuestros dones y talentos al máximo…
Concluyo compartiéndoles una inquietud más esencial en la vida: ¿cómo entrenamos para jugarnos el partido de la felicidad? ¿Estamos creciendo en las virtudes que nos disponen a amar o en los vicios y sus consiguientes secuelas que agudizan en nosotros el egoísmo y la infelicidad?

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