Mortificación, Disciplina y Motivación

Si no se mortifican los sentidos, y se aplazan o incluso sacrifican los gustos y placeres, no es posible lograr la disciplina y sin esta la motivación cae en saco roto.
¿Cuántas veces nos ganó la almohada?, aquella licencia de darnos esos 5 minutitos más de sueño que se convierten en 45. No es raro que eso, en el tiempo, se haga hábito, y renunciemos así a ocupar ese tiempo en la oración, en dejar las cosas ordenadas y en el ejercicio físico. (Tantas cosas que se pueden hacer cuando aprovechamos el tiempo – la vida – al máximo)
Ceder al sueño, empezando la mañana; es como perder la primera batalla del día. Cuántas cosas se tiñen de esa derrota a lo largo del día, cuantos malos hábitos por esa falta de mortificación…
Acaso no tenemos una motivación distinta durante el día cuando vencemos aquella batalla de la mañana, cuando oramos temprano, ordenamos las cosas y realizamos ejercicio… Si no podemos con esa batalla burguesa, cómo podremos luego esforzarnos al máximo de nuestras capacidades y posibilidades por responder al trabajo al cual la vida nos llama y a la conquista de aquellos ideales que se albergan (seguramente… fríamente), en nuestro interior…
Si el cuerpo no se domina, difícilmente se dominará la mente…
Sin gobierno de sí mismo, sin disciplina, no lograremos hacer bien las cosas y sucumbiremos a la comodidad, mediocridad de vida y no alcanzaremos desplegar todo el talento que Dios ha puesto en cada uno de nosotros para beneficio de los demás y de nuestra realización personal….