No pocas veces en el mundo laboral nos topamos con personas que mal-tratan a sus colaboradores… son los llamados jefes tóxicos.
Se caracterizan por contaminar el clima organizacional, haciendo la con-vivencia insufrible, llegando a ocasionar enfermedades organizativas en las personas del área en que ejercen influencia. ¿Acaso no se dan cuenta que con su influencia pueden destruir la salud mental de sus colaboradores?
Podemos describir su comportamiento típico: son personas preocupadas principalmente y a veces casi exclusivamente por la consecución de los objetivos que se proponen, relegando de esta manera a las personas a la condición de instrumentos, de los cuales se sirve para conseguir los fines que se ha propuesto.
Suelen no escuchar las ideas de los demás, si lo hacen no las toman en serio o simplemente las menosprecian, y es que ni siquiera se dan el trabajo de valorarlas, pero eso sí: nunca pierden la oportunidad de hacer notar que sus ideas son las mejores…
Cuando el grupo se afilia a una idea distinta a la del jefe tóxico, este suele reaccionar con envidia, siente en lo profundo de sí que los demás no lo valoran, se pone inseguro y en posición defensiva, la cual paradójicamente lo lleva a cuidarse de los demás a través del ataque, para lo cual se sirve de la indiferencia, del sarcasmo, del menosprecio de los trabajos e ideas de los demás, de exigencias laborales desproporcionadas. Busca probar que los demás no son tan buenos como él, para lo cual incluso renuncia a la labor orientadora que un jefe tiene con sus colaboradores e ironiza sobre cada uno de ellos en público, evidenciando tácitamente las supuestas deficiencias que tienen.
Sucede que en su mente enferma, la manera de recuperar la seguridad y “estabilizarse” (aunque solo sea ficticiamente) es a través del uso de su poder formal, imponiéndose y sometiendo a los demás, pisoteándolos emocionalmente.
Probablemente los subordinados se queden callados por temor a quedarse sin empleo, pero el malestar sigue estando presente, con lo cual se incrementarán las conversaciones a espaldas de…, la cultura del pasillo y el chisme, instalándose así la hipocresía en las relaciones laborales o por el contrario las fricciones constantes… lo cual tarde o temprano pone a la víctima del mal-trato en posición de salida o despido… y al jefe en el objeto de todas las críticas por parte de sus colaboradores…
¿Qué motiva a los jefes tóxicos?
Los jefes tóxicos suelen vivir motivados por conseguir el aplauso de la tribuna, es decir: buscan llamar la atención de las personas sean estos sus superiores, amigos o familiares. Tienen un afán enfermizo por destacar y es que el trabajo parece convertirse para ellos en la oportunidad de reinvindicarse ante los ojos de los demás, para de esta forma experimentar la valía personal (inauténtica) y así lograr la aceptación y “cariño” de los demás…
Esta distorsión se origina en las primeras comunidades de vida: familia (principalmente) o colegio.
Es en la familia en donde uno aprende a ser querido y valorado. Si en casa los padres muestran cariño solamente cuando el hijo triunfa, éste crecerá decodificando subconsciente e inconscientemente que para ser querido y valorado requiere conquistar éxitos, creerá que uno es valioso por lo que consigue, por las cualidades que tiene o adquiere y que todo esto lo hace “digno” de “amor”.
En su mente se irá configurando el paradigma del winner y empezará a tomar decisiones existenciales en función a lo que el entorno le ofrezca para satisfacer esta necesidad.
Cualquier fracaso en la vida lo llevará a derrumbarse anímicamente y es que su auto-estima ha sido construída sobre paja que el viento arrebata. Seguramente para levantarse (aunque solo ficticia y por lo tanto temporalmente), esta persona, de manera revanchista, se propondrá otro objetivo por conquistar y una vez que lo consiga lo publicará en las primeras páginas de su entorno social… para recuperar “valor” y “cariño”…
¿Cuál es la solución?
La solución se encuentra en encontrar las verdaderas razones por las cuales uno es valioso y querido.
Para esto hay que empezar por desenredar las asociaciones mentales que se tengan instaladas por las experiencias y aprendizajes que se hayan tenido durante la vida; todo lo cual debe ser reflexionado a la luz de la realidad, no en cuanto al desorden en que ésta se encuentra, sino en función al orden que la consciencia descubre debería de reinar.
Todo esto implica un trabajo de introspección, autoconocimiento y de reconciliación. Conlleva un re-descubrimiento de la dignidad que las personas poseen, el profundo valor que uno tiene, todo lo cual es independiente de las cualidades (físicas, psicológicas, morales, etc.), logros obtenidos y bienes adquiridos… Entiéndaseme bien: no es que las cualidades, logros y cosas no tengan un valor (siempre relativo), pero esto es muy distinto a valorarnos por estos…
Todo esto exige una metanoia, una transformación de la mente y del corazón, pero no en función a las modas imperantes del mercado, terrible deformador de la salud mental, el cual nos posiciona sus ideas reductivas sobre quién es el ser humano a través de la TV y del Internet…
Consejos prácticos:
a) Utilizar un cuaderno por las noches para poner en blanco y negro las experiencias negativas que mas hayan impactado durante el día, servirá para analizar la idea de fondo que pudo generar alguna emoción negativa, aquella será preciso analizar objetivamente para saber si tiene algún asidero en la realidad y por qué subjetivamente pudo afectar.
b) En lo cotidiano, relaciónese con los demás desde la aceptación de lo que en realidad son, valore a todos por igual, sea un apoyo para ellos, no menosprecie a nadie (aún si cometen errores), no los utilice como medios para sus fines: ¡respételos!, promueva su crecimiento. Enseñe de manera constructiva a que las personas se desarrollen. Sea un constructor, edifique, no derrumbe, aliente sinceramente a sus colaboradores (tampoco exagere, que se sabe cuando es falso), en síntesis: sea auténtico, usted mismo, no busque hacer las cosas para que lo acepten, valoren, respeten o quieran. Busque aceptar, valorar, respetar y querer a las personas, así no lo hagan con usted… crecerá así en fortaleza y grandeza de alma, viendo los problemas desde la cima de la montaña y no en medio del bosque, donde solemos perdernos y con ello la vista sobre lo fundamental…
