Hoy regresaba a mi oficina y me quedé releyendo la frase que puse meses atrás en un lugar de la misma, la cual dice: «al final de nuestras vidas, lo importante no será la cantidad de trabajo que hayamos hecho, sino el peso de amor que hayamos puesto en nuestro trabajo…» (Madre Teresa de Calcuta).
Esta frase me impresiona mucho, más aún en medio de un mundo que privilegia el hacer y la eficacia; al ser y al amor…
El trabajo aporta de manera fundamental a la felicidad o no de las personas. Antes de profundizar específicamente en torno a él, es preciso mencionar la jerarquía que una persona debe respetar en su vida para no desordenar la misma y evitar así dificultar la conquista de la felicidad.
Tomando las ideas fundamentales de Luis Fernando Figari, diremos que el orden que una persona debe respetar en su vida es el siguiente:
a) Relación con Dios
b) Relación con uno mismo
c) Relación con la pareja
d) Relación con los hijos
e) El trabajo
f) El apostolado y servicio comunitario
b) Relación con uno mismo
c) Relación con la pareja
d) Relación con los hijos
e) El trabajo
f) El apostolado y servicio comunitario
Este orden garantizará no descuidar lo más importante, por lo más urgente y saberle dar a cada aspecto de la vida su lugar y ponderación.
Como podemos darnos cuenta, el trabajo no ocupa el lugar principal de nuestras vidas, sin embargo es en la práctica el lugar donde quizás más tiempo pasa una persona.
Al respecto tengo mis críticas al sistema, creo yo que la jornada laboral no debiera ser de 8 horas, ésta debiera reducirse a 5-6 horas, permitiendo así a los trabajadores contar con más tiempo para dedicarle a otros aspectos fundamentales de su existencia. Además la productividad por hora se incrementaría y la motivación también, dado que esta depende de lo más profundo del trabajador (del cultivo de su interioridad, la cual será posible al dedicarle tiempo a otras actividades), antes que de los factores externos (sueldos y reconocimientos).
Mientras las cosas no cambien será necesario aprender a organizarnos de tal forma, que podamos satisfacer las necesidades que surjan de cada una de las dimensiones de nuestra existencia, para lo cual diferenciar lo urgente de lo importante, la rigidez de la flexibilidad, resultará clave.
Regresando al tema del trabajo, hay que decir que este es importante no solamente porque despliega los dones y talentos de las personas, contribuyendo así a su crecimiento personal, sino porque a través de la adquisición de virtudes, la persona se perfecciona a sí misma. Hay que resaltar que el trabajo es importante porque éste permite la satisfacción de las necesidades de las personas y sociedades, adquiriendo así una dimensión trascendente. Finalmente debo mencionar que el trabajo es la cooperación del hombre con Dios para la cocreación de un mundo mejor, más acorde al Plan amoroso de Dios, que quiere un mundo mejor en donde el hombre puede ser feliz y alcanzar su plenitud.
Por eso la importancia de incorporar en nuestra acción cotidiana no solo nuestras capacidades, sino toda la potencia de nuestro amor, que nos impulse a transformar con nuestro trabajo las organizaciones y sociedades, generando así mayor valor social para todos los stakeholders involucrados.
Lo importante no es hacer algo, sino por qué y para quién lo hacemos, no llena una vida de acumulación de títulos y riquezas, sino una vida en la cual hayamos podido mejorar la vida de las personas…
Es muy probable que la mitad del tiempo que dedicamos a realizar una labor, solo pensamos en el beneficio egoísta que podemos obtener y la otra mitad en los beneficios al ego que representará.Resulta difícil romper esta manera de pensar, pero está en la satisfacción que da una sonrisa o un agradecimiento y también el saber que un trabajo bien hecho resulta beneficiando a más de una persona.Esperemos poder pasar a más la experiencia de una labor bien hecha.
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