Si creemos que por estar en la época de vacaciones, podemos caer en la autocomplacencia, nos equivocamos.
Por el contrario ha llegado la época de máxima exigencia, de someter el cuerpo, la mente y el espíritu a la máxima tensión (constructiva, claro), para preparar nuestro ser a los ritmos normales y extraordinarios que se nos presenten durante el año 2009.
Así pues habría que empezar por diseñar un Plan de Vida, éste debe elaborarse en función a la máxima aspiración que tenemos los seres humanos: la felicidad. Como esta se da en función al despliegue de nuestro ser en torno a sus relaciones fundamentales, el Plan de Vida, también deberá estar estructurado en función a nuestras 4 relaciones fundamentales: con Dios, con uno mismo, con los demás, con la naturaleza.
De ahí surgirán temas clave sobre los cuales trabajar, ya sean metas, áreas de mejora o sueños realizables. Luego de haber trabajado sobre un Plan de Vida realista, habrá que empezar por lograr una disciplina ordenada, sin llegar a la rigurosidad científica, que nos permita adquirir una serie de hábitos que nos facilite el responder a nuestro plan.
Para no dejarnos estar, será oportuno hacer un examen de conciencia todas las noches sobre la diligencia que hayamos puesto en cada una de nuestras actividades cotidianas.
Estamos pues en verano, época de ponernos en forma, para conquistar nuestros anhelos no solo en este 2009, sino a lo largo de nuestras vidas; finalizo la siguiente reflexión recordando que quien no avanza, retrocede… No nos dejemos estar, ¡a crecer!
Estamos pues en verano, época de ponernos en forma, para conquistar nuestros anhelos no solo en este 2009, sino a lo largo de nuestras vidas; finalizo la siguiente reflexión recordando que quien no avanza, retrocede… No nos dejemos estar, ¡a crecer!