Usando una metáfora muy ilustrativa diremos que cuando las aguas están agitadas, hay que evitar exponerse demasiado a factores externos que la zarandeen y evitar uno mismo con sus propias manos agitarla más.
Hay que esperar a que las aguas se calmen, a que reposen, hasta el punto en que se pueda ver lo que hay debajo de ellas, recién ahí será prudente tomar decisiones. Estas responderán a la realidad de las cosas y no a los subjetivismos o racionalizaciones que nos hayamos podido ir haciendo durante el proceso de crisis, ya sea por querer aferrarnos a la situación de siempre (falsas seguridades) o ya sea por inventarnos «razones surrealistas» para cambiar de posición.
Las decisiones importantes se toman cuando uno se encuentra en equilibrio, reposado, cuando uno puede ver con la suficiente claridad la realidad de las cosas, su realidad interior y las motivaciones y necesidades auténticas.
Pero para tomar las cosas de esta manera hay que aprender a ser paciente con uno mismo y aguardar con reciedumbre interior a que las emociones reposen para que así la inteligencia pueda ver con claridad y decidir correctamente, sabiendo que siempre habrán riesgos menores que tomar (porque vivimos en medio de seres libres), pero comprendiendo que una cosa es tomar riesgos realistas y otra muy distinta: vivir esclavo de las emociones (pasajeras o permanentes), cambios frecuentes, falsas seguridades (pasadas o futuras) y estadíos de confort…

Me parece certero y familiar
Me gustaMe gusta