El Talento para el Servicio

Los talentos son dones con los cuales las personas han nacido y/o que han venido desarrollando o adquiriendo durante la vida.

¿Qué hacen la mayoría de personas con sus talentos?

Toman algunos de sus talentos para poder «desarrollarse» en este mundo competitivo, pero casi siempre pensando solamente en sí mismos, en esa famosa auto-realización, palabra manida que se ha legitimado en nuestra cultura y que sin un aparato crítico jamás cuestionaremos profundamente.

La realización del ser humano no está solamente en el despliegue de sus talentos, no está enfocado fundamentalmente en torno a sí mismo, sino y sobretodo en el servicio concreto que con los dones y talentos se preste a los demás, ayudándolos a alcanzar su desarrollo integral.

Entonces cabría cuestionarnos si usamos nuestros talentos solamente para nosotros mismos, y si acaso esto no tiene una relación directa con alguna insatisfaccción interna, en el trabajo y en otros ámbitos de la existencia.

¿Somos de quienes seguimos el modelo individualista de realización?, de esa famosa auto-realización por la cual vivimos para trabajar, trabajamos para consumir, y consumimos para sentirnos «realizados» con lo que hemos alcanzado, tenemos y gozamos…

O más bien: somos de quienes trabajamos para satisfacer las necesidades de otros, experimentando así 2 ámbitos de despliegue: el personal y el social. El primer ámbito está directamente relacionado al desarrollo de nuestros talentos, habilidades, conocimientos; y el segundo ámbito a la satisfacción producto de nuestro accionar en la vida de los demás.

Adecuando una frase sabia, diremos: que quien no trabaja para servir, no sirve para trabajar.

Entendámoslo bien: el servicio no se opone a la eficiencia del obrar, por el contrario, nos hace más diligentes y eficientes, por cuanto buscamos lo mejor para nuestro cliente (sea interno o externo).

Tampoco se opone a oficio alguno, el servicio es la dimensión más profunda de cualquier trabajo.

Por otro lado cabe la aclaración de que el servir no imposibilita a nadie de gozar de un salario, y es que esto último es legítimo por un criterio de justicia: ya que quien trabaja merece (y necesita) su paga.

Para concluir decir que si el talento no se emplea para el servicio, en vano nos afanamos haciendo cosas, porque las satisfacciones del talento individualista son efímeras, solo trasciende el talento que mira fuera de sí, más que a sí mismo…