Las palabras que utilizamos en el trabajo cotidiano, creámoslo o no, configuran el ambiente laboral, dado que empiezan a infiltrar y a reforzar determinados pensamientos y conductas, sean éstas buenas o malas.
Así pues, por ejemplo: si entre unos y otros nos habituamos a retroalimentarnos siempre sobre lo pesado de nuestro trabajo, sea cierto o no, terminaremos asumiendo una actitud de pesadez frente al mismo y no buscaremos soluciones a los desafíos que se nos presentan.
Dependiendo de las palabras que nos habituemos a utilizar, éstas terminarán fomentando un clima emocional ya sea: hostil, adverso, proactivo, propositivo, amical, vulgar, etc.
Estos climas emocionales inducen a una respuesta tipo frente a las circunstancias que se nos presenten.
Por esto es importante ser conscientes de las palabras que usamos porque terminan forjando un tipo de cultura organizacional, más o menos humana…
