Normalmente los jefes caen en el vicio de buscar la eficacia antes que el desarrollo del colaborador. Este es un error por cuanto se están minando las bases sobre las cuales lograr incluso la eficacia futura. En la práctica: se termina sacrificando el mañana por el «hoy».
Si bien el talento es un intangible, y es difícil de medir, podemos garantizar que es éste y no otro el que logra generar valor y asegurar la sostenibilidad del negocio en en el tiempo.
Por lo tanto hay que preocuparse en paralelo y sobretodo por el desarrollo de los colaboradores, porque el trabajo les resulte atractivo, es decir: que sea una instancia en donde puedan aprender, mejorar como personas, crecer, divertirse, hacer amigos, servir, aportar a la sociedad, madurar como personas; en síntesis: desplegarse.
Cuando la búsqueda de la eficacia se antepone a todo lo anteriormente mencionado, el trabajador es reducido a un instrumento, despreocupándose la organización de su desarrollo y efectiva motivación. Hay que reflexionar en torno a que las personas no se motivan por grandes «shows» que les ofrezcan, sino que se motivan porque experimentan que en lo que hacen y con quienes se relacionan, sencillamente se despliegan.
Preocupémonos más por el auténtico desarrollo de nuestros colaboradores y verán como éstos estarán dispuestos a darlo todo por la organización que les brinda aquellas oportunidades de crecimiento integral…
