Hay muchos que juegan en un equipo pero que no juegan en equipo, así pues tenemos a aquel que juega para la tribuna, para las cámaras y el aplauso; tenemos a otro que solamente juega para su bolsillo, así mismo identificamos a otro que juega amarrando la pelota, así mismo tenemos al que siempre hace una de más, y no falta aquel que siempre comete faltas, no nos olvidemos del que juega para aparecer en el salón de la fama, ni tampoco del que juega buscando ser mejor que otros, olvidándose de ser mejor y de hacer mejores a los demás.
También existe el jugador que no respeta a capitán, entrenador, ni árbitro. No podemos dejar de mencionar del que siempre critica, pero no quiere patear el penal; como tampoco podemos dejar de hablar del que siempre reniega de los errores de los otros y genera un mal clima emocional en el ambiente de trabajo.
Todos estas actitudes que acabamos de mencionar terminan haciendo débil al equipo en el campeonato, con lo cual la conquista del sueño se pone cuesta arriba.
Tenemos que buscar transformarnos en jugadores de equipo, eso es posible si vencemos las fronteras de nuestro yo y nos abrimos al mundo y necesidades de cada una de las personas con las que nos interrelacionamos, dejando de lado prejuicios, perdonando cualquier molesta situación del pasado, y viendo siempre lo bueno, noble y positivo del otro, para así construir relaciones armónicas y efectivas.
Finalmente resaltar que hay que reconocer el talento del otro, sin envidias, comprendiendo que diferentes talentos no hacen sino complementarnos para sumar todos los esfuerzos para conquistar la meta de nuestra organización.
